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Crítica:

Crepúsculo del bandido

El enamorado de la Osa Mayor ha cautivado a generaciones de lectores desde que, en 1944, se publicó por primera vez en España. Dirigido a un público fiel al aliento juvenil de un relato de aventuras atemporal, sin embargo a una lectora actual le suscita la siguiente pregunta: ¿qué mujer hoy disfruta de un panegírico de la más tradicional hombría, contado como al fuego de campamento, de intrépidos contrabandistas, cuyas proezas de bebedores de vodka, ligones de muchachas rústicas y portadores nocturnos de mercancía por terrenos silvestres se suceden en alegre variación a lo largo de medio millar de páginas? Piasecki, el legendario autor, combatiente contra los rusos, espía de los Servicios Secretos polacos, contrabandista y después bandolero; miembro, durante la Segunda Guerra Mundial, de la resistencia polaca, finalmente huido a Inglaterra, probablemente tenía otra cosa en mente cuando escribió, en 1935, en una cárcel soviética, El enamorado de la Osa Mayor, una novela que no refleja el momento histórico, ni se enriquece con la relación de lugares y costumbres, o el estudio de personajes.

EL ENAMORADO DE LA OSA MAYOR

Sergiusz Piasecki

Traducción de J. Slawomirski y A. Rubio

Barcelona. Acantilado, 2006

503 páginas. 26 euros

Bien pensado, esta "novela de pura acción" no es ninguna novela, ni en el sentido de las novelas del momento, ni en ningún otro, por mucho que diga la contraportada. Se trata de un relato perteneciente a la tradición oral, elaborado por un autor sin preparación literaria que, de forma sencilla y con genuino don narrativo, reconstruye sus experiencias personales. El más puro espíritu romántico impregna sus páginas, llenas de referencias ingenuas a la naturaleza virgen, caminatas a la luz del "sol gitano", y de anécdotas sobre la frontera vigilada por el fantasma del capitán. Y en ello reside el encanto de El enamorado de la Osa Mayor; su espíritu proviene de un mundo desaparecido, premoderno, donde los hombres viven a salto de mata, en primaria confianza con la resistencia de sus cuerpos y las balas de sus fuscas: "Somos pícaros, experimentados, astutos, valientes, vamos armados hasta los dientes y nos sentimos seguros de nosotros mismos". La narración es una defensa primorosa de la vida no controlada por los avances técnicos, ni por el racionalismo económico-político, a la vez que constituye un homenaje al contrabandista, transformado en bandolero que, hasta hace poco, disfrutaba de una libertad inimaginable en los tupidos bosques fronterizos entre Polonia y Rusia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006

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