Mi alcalde Odón se ha convertido últimamente en un entusiasta del renacimiento. Hace unos días, coincidiendo con la fecha en la que se recuerda el incendio de la ciudad, presentó en distintos escenarios la Declaración Cívica San Sebastián 2013. Se trata de una suma de 50 proyectos, algunos ya en fase de ejecución, y de una declaración de intenciones que recurre a la memoria de la ciudad para situarla ante los retos urbanos del futuro en ciernes. Ese año, el 2013, se cumplirán los dos siglos del famoso incendio, provocado por las tropas anglo-portuguesas que asediaban nuestra ciudad.
Pero lo que Odón Elorza quiere conmemorar es el Fénix donostiarra, la decisión que adoptaron los ciudadanos de reconstruir la ciudad abriéndola a los nuevos tiempos. San Sebastián renació entonces, y lo que nuestro alcalde pretende es que vuelva a renacer dos siglos después.
Podemos soportar el pastiche o la réplica, pero cualquier innovación nos pone los pelos de punta
La conmemoración de un bicentenario puede ser un buen motivo para replantearse la realidad y el destino de una ciudad. El impulso de Odón no creo que se acoja, sin embargo, al valor de una simple efemérides, sino que se aferra al mito para recordarnos que, si hace un par de siglos los donostiarras supieron renacer de la destrucción y crear una ciudad modélica, los donostiarras actuales tendríamos que ser capaces de repetir la hazaña y renacer de otra destrucción -la causada por el terror etarra- para crear, una vez más, una ciudad modélica para el futuro. Nuestra ciudad como Fénix, ese es el mito regenerador que nos propone nuestro alcalde.
La oposición municipal se ha apresurado, como era de esperar, a tachar de electoralista la Declaración 2013. Un nuevo número personalista de Elorza, que se adelanta a presentar a la ciudadanía un proyecto de ciudad que ni siquiera contaba con el acuerdo del Consistorio, acuerdo que además le fue negado después de que él lo hiciera público. La Declaración se presenta así como un proyecto del alcalde; como mucho, como un proyecto del gobierno municipal, un gobierno en minoría al que la oposición deja, una vez más, en evidencia. Odón sería un alcalde incapaz de configurar mayorías, de llegar a acuerdos con los grupos de la oposición, y su Declaración y demás iniciativas de cara a la galería no serían más que frutos de la impotencia. Un alcalde así no puede sacar adelante la ciudad, diría la oposición; es lo que de hecho viene diciendo últimamente mediante el rechazo sistemático de todas las propuestas de Elorza.
La astucia de éste, su tremenda habilidad, consiste en dar la vuelta al reproche y dejar en evidencia a quienes tratan de desnudarlo a él. Nada se puede hacer con una oposición subyugada por la Bella Durmiente, con una oposición partidaria de construir una incineradora en territorio municipal pero incapaz de defenderla; una oposición que sólo habla de la piedrilla de los jardines, o de una tradición incapaz de ser activada para las necesidades del presente; una oposición que a cada iniciativa que rechaza sólo es capaz de responder a tontas y a locas con un molinillo de propuestas inconsistentes y peores que la rechazada. Frente a ella, Elorza nos recuerda que tiene en construcción el futuro de la ciudad. Y que hay que elegir entre el futuro y...¿el presente? No, entre el futuro y la nada.
Uno de los inconvenientes derivados de la labor pionera de los donostiarras de hace dos siglos fue que supieron hacerlo tan bien que nos dejaron muy difícil la tarea de corregirles. Seguimos enamorados de nuestra ciudad decimonónica y cualquier intervención en ella desata enconadas disputas. Otro de los inconvenientes de la situación actual es que constituimos una sociedad más envejecida que la de aquella época, y que hemos convertido a nuestra ciudad en un sueño para rentistas. Podemos soportar el pastiche o la réplica, pero cualquier innovación nos pone los pelos de punta.
Sirva como ejemplo uno de los 50 proyectos recogidos en la Declaración, el del cierre de Sagüés y la pasarela aérea hasta Mompás, que me parece un acierto. Odón sabe que el barrio de Gros es la única zona dorada de la ciudad -dorada, en gran medida, gracias a él- que admite audacias respecto a la tradición. Y dorada significa que es potencialmente beneficiosa para toda la ciudad. Mas he aquí la respuesta al proyecto de una asociación de vecinos de la zona: dejen Sagüés como está y pongan una escultura, como en el Peine del Viento, y adecenten el actual caminito hasta Mompás.
Es llamativo que ahora se acepte como cómoda y perezosa solución algo -el Peine- que tan polémico resultó hace 30 años. Este es el espíritu de réplica de prejubilado que nos acecha. Cuando se invoca al renacer, al renacimiento, es porque se tiene conciencia de que algo se muere. ¿No estará a la espera nuestra Bella Durmiente de que alguien, ése, le dé el beso que la despierte?
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006