Artur Mas se llenó de aire los pulmones, esbozó una sonrisa de satisfacción y disparó las propuestas "estrella" del programa electoral de CiU en materia social: los cheques. Ante un auditorio que rozaba una media de 50 años, formado por militantes y simpatizantes de la federación nacionalista, representantes del tejido asociativo y algún curioso, el líder de CiU prometió -según la teoría de que "la familia es a la sociedad lo que la empresa es a la economía"- ayudas económicas para prolongar la estirpe si consigue hacerse con el Gobierno de la Generalitat: el cheque guardería (100 euros mensuales para la guardería por cada hijo durante tres años), el cheque nacimiento (1.000 euros a fondo perdido por nacimiento, adopción o acogida) y el cheque tercer hijo (4.000 euros anuales durante seis años para el tercer hijo). Dos pantallas de televisión reproducían y ratificaban las promesas de Mas, pues una imagen vale más que mil palabras.
A pesar de estas propuestas sin precedentes, las cerca de 400 personas que CiU reunió el pasado jueves por la noche en el World Trade Centre de Barcelona no se inmutaron. Ni una exclamación de alegría, ni un aplauso, ni siquiera un silbido de incredulidad. "Claro, es que aquí no hay casi parejas jóvenes", musitó una asistente. Y es que los únicos vítores se los llevó el diputado convergente Josep Lluís Cleries tras asegurar, en una mesa redonda, que CiU complementaría las pensiones de viudedad.
La política de los cheques de Mas, en sintonía con su teoría sobre el derecho a escoger y la responsabilidad individual, despertó rechazos y complicidades. "Si el Gobierno no es capaz de responder en un momento dado, puede contar con el tercer sector. Pero hay unos derechos de las personas que el Estado ha de asumir. No se pueden dejar en manos de la iniciativa privada", se quejó una representante de la plataforma Escuelas Inclusivas. Otros mostraron más entusiasmo, como Marta, una directora financiera de 35 años y con un hijo: "Me gusta lo del derecho a elegir. No es un principio discriminatorio".
María, una antropóloga de 30 años que ha tenido que dejar su trabajo para poderse ocupar de sus dos hijos, habría preferido que Mas hubiera hablado de conciliación laboral. Lo de los cheques le parece bien, pero desconfía. "Todos prometen cosas. Está por ver si lo cumplen". Al final del acto, una familia de etnia gitana de Sabadell saca sus propias conclusiones. "Este hombre tiene carisma y es guapo, pero nosotros somos felipistas".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de septiembre de 2006