Víctor García León no ha dejado títere con cabeza en su segunda película. No sólo reparte palos a la generación del 68, sino también a la suya propia porque entiende que a los jóvenes de hoy se les trata "demasiado bien". "Es cierto que hay gente que no puede irse de casa, pero también que somos unos jetas importantes", dijo ayer en San Sebastián. "En España tenemos un cinismo muy desarrollado. Entre trabajar y no trabajar estamos ahí, ahí...".
García León se sacudió el miedo a que Vete de mí pasara desapercibida cuando le comunicaron que la película concursaba por la Concha de Oro. "El festival la sitúa en el mapa", justificó tras presentarla junto a Juan Diego, Juan Diego Botto y Cristina Plazas. Por eso su preocupación se limita ahora a que guste al público y sea rentable en taquilla. "Se trata de que al productor le salgan las cuentas y vuelva a trabajar conmigo". El filme ha costado dos millones de euros.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de septiembre de 2006