El Principio de la Conservación de la Energía dice que ésta no se crea ni se destruye, sino que simplemente se transforma. Empiezo a creer que existe un principio similar para la conservación del capital. En los últimos años hemos asistido a un proceso de fusiones de empresas constructoras acompañado por el alza de sus cotizaciones en Bolsa y a la vez un desmesurado crecimiento en el precio de la vivienda que ha puesto a muchos ciudadanos al borde de la quiebra.
En estos momentos, el mercado inmobiliario no da más de sí y la obra pública puede resentirse con la práctica eliminación de los fondos europeos de cohesión; las constructoras han vuelto sus miradas hacia las empresas energéticas que están multiplicando su valor en Bolsa. Me pregunto de dónde se trasvasará el dinero para hacer frente a esta revalorización y mucho me temo que otra vez la respuesta sea la de siempre: de los bolsillos de los ciudadanos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de octubre de 2006