Las campanas de la conspiración doblaron por Baltasar Garzón mucho tiempo antes de hacerse cargo del caso del ácido bórico. La fecha clave es el jueves 15 de julio de 2004. Ese día, Garzón, al ser interrogado en la comisión parlamentaria de investigación del 11-M, destruyó pieza por pieza los argumentos de la hipotética colaboración entre ETA y los radicales islamistas en el atentado del 11-M.
El diputado del Partido Popular Jaime Ignacio del Burgo ajustó cuentas con el juez en su libro 11-M, Demasiadas preguntas sin respuesta, publicado por la Esfera de los Libros, editorial vinculada al diario El Mundo.
Del Burgo ya avanzaba los elementos de la teoría de la conspiración. "Por aquella época", diciembre de 2003, "tanto la UCIE como el juez Garzón recibieron señales inequívocas de que se estaba cociendo algo gordo", advierte en su libro, en febrero de 2006.
Según afirma, el juez Garzón "tenía, pues, controlados a varios de los terroristas a los que en algún momento se ha imputado la autoría intelectual del atentado [del 11-M]". Por esta razón, Del Burgo sostiene: "Resulta muy difícil de entender cómo es posible que pudiera planearse y ejecutar el atentado no sólo en las narices de los cuerpos policiales, sino también en las del juez Garzón y del propio Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Incomprensible".
El hecho de que Garzón comenzara a instruir el caso del ácido bórico levantó todas las alarmas de quienes sostenían la relación entre ETA y los radicales islamistas que atentaron en el 11-M. ¿Por qué? Por la inconsistencia de la prueba elaborada. ¿Pero quién podía destapar esa inconsistencia? Un juez independiente. Y, sobre todo, independiente de la teoría de la conspiración.
Si no hubiese sido por la instrucción de Garzón, las inconsistencias hubieran quedado sepultadas. Y la apariencia de realidad sería la realidad. Esto es: tres peritos que vincularon científicamente a ETA con los autores materiales del 11-M fueron manipulados por sus superiores vendidos al Gobierno socialista.
Los intelectuales de la teoría de la conspiración y el PP movilizaron contra Garzón todas sus baterías. Pero ha resultado muy tarde: la trama conspirativa, con los tres peritos incluidos, algunos de ellos utilizados, ha quedado al descubierto.
Es previsible que Garzón exponga en un auto judicial, en las próximas horas, la crónica de la conspiración paso a paso. Tendrá que hacerlo en relación con el fondo -¿es el ácido bórico sustancia explosiva?- y la forma -¿quién fabricó una prueba inconsistente? Ninguna movida procesal futura podrá borrar esta verdad.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2006