Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

Batacazo electoral del Gobierno de coalición belga

El Partido Liberal del primer ministro belga, Guy Verhofstadt, fue el gran perdedor de las elecciones municipales belgas del domingo, en las que la extrema derecha xenófoba del Vlaams Belang (VB) volvió a incrementar sus apoyos por decimotercera vez consecutiva.

Este resultado agudiza, según los analistas, la brecha que divide a las dos grandes comunidades lingüísticas en Bélgica, ya que triunfa el VB, el partido secesionista que aspira a la independencia de Flandes, mientras que pierde -1,7% respecto al año 2000- la coalición social-liberal en el Gobierno, ya debilitada debido a la tensión entre las dos grandes comunidades lingüísticas que conviven en Bélgica: la flamenca y la francófona.

Junto a la caída de los liberales, destaca la fuerte subida de los cristianodemócratas del presidente regional flamenco, Yves Leterme. Fue precisamente este aspirante a primer ministro el que hace semanas volvió a avivar el fuego entre flamencos y valones al acusar en una entrevista a los francófonos de estar intelectualmente discapacitados para aprender flamenco. El nuevo paisaje político que han dibujado los comicios municipales no augura, pues, grandes dosis de estabilidad política con vistas a las elecciones legislativas que deberán celebrarse entre mayo y junio de 2007.

Otra de las conclusiones que se desprenden a la luz de los resultados del domingo es que la extrema derecha del Vlaams Belang (que significa Interés Flamenco) ha ganado mucha fuerza en el mundo rural, pero se ha estancado en las ciudades. Este reparto de votos hacía pensar ayer a numerosos analistas que el VB podría estar alcanzando su techo. En total, el Vlaams Belang aumentó en un 4,9% el número de votos respecto a las pasadas municipales, en Flandes, una de las dos grandes regiones en las que se divide Bélgica.

Avance en zonas rurales

Este aumento global no se produjo en Amberes, su feudo tradicional, donde el VB sólo creció en medio punto porcentual, alcanzando el 33,5%, ni por ejemplo en Gante, donde perdió un 1,5%. Así, el voto extremista se habría estancado en las ciudades, grandes polos de atracción de población inmigrante, y curiosamente, en zonas rurales en las que el contacto con extranjeros es menor, el discurso antiinmigración habría calado con más fuerza.

En numerosos municipios rurales, el partido ultra progresó entre un 6% y un 8% de media, aunque en principio no gobernará, debido al pacto de exclusión del resto de formaciones. Dicho pacto, vigente desde 1991 y bautizado como cordón sanitario, podría romperse próximamente después de que algunos alcaldes manifestaran su intención de aliarse con el VB.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2006