"Sí, ya sabemos que hoy empezaban las multas por entrar en coche a Lavapiés, pero nos hemos enterado porque lo hemos oído por la radio. La realidad es que por aquí no ha pasado un policía en toda la mañana, y el tráfico está como siempre". Enrique resume lo que lleva de jornada desde el mostrador de la tienda en la que trabaja, Confecciones Mary, en la calle de Tribulete. Es la una y cuarto de la tarde del 9 de octubre, el día en el que, después de un periodo de tregua de dos meses, el Ayuntamiento iba a empezar a multar a quienes accedieran en coche a la nueva Área de Prioridad Residencial de Embajadores (Centro).
Eso en teoría. En la práctica, este periódico pudo comprobar ayer que la "flexibilidad" de los primeros dos meses sigue vigente. Un paseo de casi una hora por el barrio y ningún policía o agente de movilidad a la vista. Grandes cartelones, eso sí, en los 15 puntos de acceso a la zona restringida -con el aviso bien visible de que sólo pueden pasar los residentes-, pero ni bolardos que impidan el paso (que no se pondrán) ni los anunciados agentes de movilidad para controlar que la restricción se respeta.
"Me temo que hasta que no pongan las cámaras, esto seguirá igual", dice una mujer
Como mucho, hay vehículos que frenan un poco al acercarse al cruce y divisar el cartelón; después, miran a derecha e izquierda y continúan la marcha. A su espalda dejan un panel que advierte: "Los vehículos infractores serán sancionados". Nadie parece creérselo. "Me temo que hasta que no pongan las cámaras de videovigilancia en los accesos, esto seguirá igual", reflexiona una mujer en la esquina de Embajadores con Tribulete.
El director general de Movilidad, Javier Conde, aseguró ayer que hay una dotación de 15 agentes destinada a Embajadores, pero no supo explicar por qué ninguno estaba a última hora de la mañana en su puesto. "Lo que pasa es que nosotros no habíamos pensado en el día de hoy como cualitativamente diferente del resto. Es verdad que a partir de ahora se va a multar a los infractores, pero con flexibilidad", afirmó Conde.
Preguntado por si esa "flexibilidad" puede crear indefensión en los conductores -que realmente no saben si van a ser multados o no, y en función de qué-, el responsable municipal respondió: "Hace dos meses que los carteles están puestos. Los conductores no residentes saben muy bien que no se puede pasar. El que pase puede ser multado". La sanción es de 90 euros.
"El problema es que si no ponen a nadie que controle, pues la gente sigue entrando y ya está. Yo he visto esta mañana varias furgonetas ahí descargando: los de la Coca-Cola, el del bar, el otro, el otro...", señala Paqui, quiosquera en la plaza de Lavapiés. Ella ha solicitado un permiso especial para que la camioneta que le trae la prensa a las siete de la mañana pueda descargar.
A esa autorización pueden acceder otros comerciantes -como los panaderos o las empresas de reparación de servicios- que justifiquen la necesidad de recibir la mercancía a primera hora de la mañana, pero el resto de las tiendas y locales debe ceñirse al nuevo horario de carga y descarga: de 10.00 a 13.00, y sólo en las plazas habilitadas. En los dos últimos meses, 2.618 trabajadores y 2.555 residentes -de los que no usan parquímetros, porque el resto ya está identificado por la tarjeta SER- han pedido esa autorización especial para circular.
En Embajadores viven 50.500 personas -tantas como en Segovia o Ávila-, hay 12.500 coches censados y 814 establecimientos comerciales, muchos de ellos de venta al por mayor. Es uno de los barrios más densamente poblados de la capital, y sus estrechas callejuelas están casi a diario tomadas por las furgonetas y los embalajes de las tiendas.
Con eso pretendía acabar el Ayuntamiento cuando declaró el Área de Prioridad Residencial: desde el 31 de julio sólo pueden circular por ella los residentes, motos (de 7.00 a 22.00), vehículos de emergencias, autobuses y taxis. Pero la piedra de toque de la decisión municipal, la que permitirá medir el éxito o el fracaso de la iniciativa, está en la carga y descarga, que queda reducida a tres horas por la mañana.
"A mí hoy no me tocaba recibir mercancía, pero no me parece que haya habido ningún problema para que entraran las furgonetas, porque en esta calle siempre que pasa algo montan un lío que se entera todo el mundo, y esta mañana no he oído ni una voz", cuenta la dependienta de una tienda de cachimbas y ropa oriental en Tribulete.
Otros comerciantes sí sostienen que en los últimos dos meses ven pasar menos coches. "Pusieron los carteles y bajó el número de clientes. Mal negocio", dice Hassan, parapetado en el umbral de su tienda, en la calle del Amparo. Él, sin embargo, cree que hay un motivo más de fondo que explica la bajada: "Las hipotecas tienen asustada a la gente".
Embajadores es el segundo barrio que el gobierno de Alberto Ruiz-Gallardón declara "área de prioridad residencial", después de hacer lo mismo con el entorno de la calle de Huertas y, acto seguido, con todo el barrio de Cortes en el que aquél se enclava. Pero, en el caso de Embajadores, sacar adelante la iniciativa -con el apoyo frontal de los comerciantes mayoristas- fue bastante más difícil; tanto, que finalmente el concejal de Seguridad, Pedro Calvo, optó por rebajar las ambiciones de su plan inicial.
Así, fuera del área restringida han quedado una serie de calles "de libre circulación": Colegiata, Magdalena, Santa Isabel, Valencia, sendos tramos de Mesón de Paredes y Embajadores o la calle de Argumosa. En ellas no sólo se podrá circular libremente, sino que las furgonetas tendrán un horario de carga y descarga similar al que regía antes: de 8.00 a 14.00 y de 16.30 a 19.00.
A finales de año, los agentes de movilidad serán sustituidos en los puntos de acceso al barrio por cámaras lectoras de matrículas, que serán las que cacen a los conductores infractores y tramiten la multa. "Entonces sí que se acabará la flexibilidad", apunta Conde. Hasta ese momento, cruzar Embajadores sin arriesgar 90 euros parece ser cuestión de suerte.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2006