Los acuerdos bilaterales entre Rusia y Alemania, por los que Berlín se ha garantizado el suministro de gas durante décadas, están dinamitando los esfuerzos de la UE para desarrollar una política energética común. Moscú ha suspendido en las últimas semanas licencias de explotación de yacimientos rusos en perjuicio de empresas de Reino Unido, Francia, Holanda y Estados Unidos, mientras ha reforzado su alianza con compañías alemanas como E.ON, Basf y Deutsche Bank.
Ante hipotéticos problemas de abastecimiento, la presidencia finlandesa de la UE ha propuesto un sistema de reservas de gas para 90 días de consumo, similar al que ya existe para el petróleo, con el fin de "aumentar la capacidad de la UE colectivamente para resistir interrupciones de suministro". Alemania se opone a la iniciativa.
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* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de octubre de 2006