El jurado declaró ayer culpable del asesinato de su mujer y su esposa al mosso d'esquadra Josep Lluís Rua. El tribunal popular consideró que no actuó con ensañamiento (aumentar deliberadamente el dolor de las víctimas), pero sí con alevosía, porque las víctimas no pudieron defenderse y el agresor actuó por sorpresa. El policía estaba en libertad provisional, pero anoche ingresó en la cárcel Modelo.
"El acusado nos lo ha puesto difícil, pero no existe el crimen perfecto", aseguró hace unos días la fiscal a los miembros del jurado. Y tenía razón, porque en las sesiones del juicio no afloraron pruebas directas que implicaran al policía, lo que no ha impedido un veredicto de culpabilidad por siete votos a dos, el mínimo que exige la ley.
Sí existían, por el contrario, numerosos indicios contra el acusado, que son los que ha tenido en cuentra el jurado: el vidrio de la puerta de entrada fue roto con un cenicero del interior de la vivienda, no se echó en falta nada de valor, sólo se registraron los cajones de una habitación y varias joyas estaban esparcidas por la terraza como si hubieran sido lanzadas intencionadamente. El reloj del acusado, además, fue hallado bajo el cadáver de su esposa, lo que indicaría que sólo él pudo perderlo al arrastrar o manipular el cadáver.
Tras el veredicto, corresponde al magistrado presidente del tribunal, Fernando Valle, imponer la pena, que oscilará entre 30 y 40 años por dos delitos de asesinato. La fiscalía y la familia de la víctima, que ejerce la acusación, pidieron al juez la pena máxima, mientras que la defensa reclamó la menor y anunció que recurrirá ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y, si se confirma la sentencia, ante el Tribunal Supremo.
Los hechos que el jurado ha declarado probados son que el 3 de mayo de 2004 el mosso Josep Lluís Rua agredió con un arma blanca a su esposa, Sílvia Codina, y a su suegra, María Engracia Álvarez, y les causó 13 y 17 heridas, respectivamente, que les provocaron la muerte instantánea.
El doble crimen se cometió en el domicilio familiar de la pareja en Lliçà de Vall y el acusado pasó casi siete meses en prisión preventiva, hasta que la Audiencia de Barcelona acordó su libertad. Ayer volvió a prisión y antes de ser conducido por la Guardia Civil telefoneó a su familia para pedir que tuvieran esperanza y que se ocuparan de cuidar a las dos hijas pequeñas, cuya custodia seguía teniendo tras los hechos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de octubre de 2006