El C4 Picasso es un monovolumen muy moderno que se sitúa por delante de sus competidores. Tiene un puesto de conducción vanguardista y aplica detalles sofisticados que simplifican la labor del conductor y automatizan funciones que normalmente se hacen a mano. Unos son de serie, como el freno de mano automático, el cambio manual sin pedal de embrague o la ayuda para arrancar en cuesta; y otros, como el medidor de espacio para aparcar o la alerta de cambio de carril, se pagan aparte. Hacen más fácil, agradable y segura la conducción.
Cambio secuencial de seis marchas
El Picasso se ofrece con dos motores HDi turbodiésel, el 1.6 (110 CV) y el 2.0 (138 CV) de la prueba. Vienen de serie con un cambio manual robotizado de seis marchas, que no lleva pedal de embrague y se puede accionar desde el volante. Y aunque provoquen rechazo en los reacios a los cambios automáticos, en la práctica funcionan muy bien y superan en todo a los manuales: permiten reducir a mano con un toque, por ejemplo, para bajar un puerto, y se pueden llevar en modo automático en ciudad o para conducir relajadamente.
Esta solución, combinada con el motor 2.0 HDi, ofrece unas prestaciones satisfactorias para una familia media. Le falta nervio al acelerar, sobre todo en marchas largas, pero responde con elasticidad desde 1.500 vueltas para circular con agilidad en ciudad, tiene fuerza a medio régimen para llanear y mueve con soltura el peso, unos cien kilos superior al de otros rivales. Así, permite viajar a buen ritmo y afrontar las subidas sin perder velocidad, pero hay que elegir bien la marcha al adelantar, porque tarda un poco en lanzarse.
Por lo demás, el motor está bien aislado y los consumos son ajustados: no pasa de siete litros en conducción suave y se mantiene en alrededor de nueve en ciudad y cuando se estiran las marchas.
Confortable y seguro
El Picasso monta la suspensión delantera reforzada del C4 y una trasera nueva que en el acabado Exclusive incluye regulación neumática y mantiene constante la altura al suelo sin depender de la carga. Esta solución permite ofrecer una estabilidad más uniforme en cualquier situación y, sobre todo, un confort superior, porque absorbe mejor los baches. Pero incluso sin ella, este Citroën es muy cómodo y tiene un comportamiento seguro y equilibrado en todos los trazados, con una conducción muy fácil que hace sentirse seguro y compenetrado enseguida. La dirección variable es muy buena y obedece con precisión al volante. Aunque los reglajes de suspensión son blandos y buscan la comodidad, no da sensación de pesadez ni se balancea con exceso las curvas. En trazados rápidos y autopista mantiene una estabilidad notable y transmite una sensación de aplomo muy agradable.
Por lo demás, los frenos con ABS paran muy bien, y el ESP de serie es una garantía de seguridad en situaciones difíciles.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de octubre de 2006