Pocas personas no estarían de acuerdo con la necesidad de moderar el consumo de agua. Pero de ahí a que, como propone el Gobierno, esto deba hacerse incrementando los costes de consumo a partir de una barrera tan exigua como los 60 litros por persona y día hay una gran distancia. La medida es claramente injusta y no fomenta un reparto equitativo del esfuerzo de ahorro: medidas de tal naturaleza vendrán a exprimir aún más el mermado bolsillo de los trabajadores que tendrán que hacer maravillas simplemente para mantener la higiene personal y doméstica a nivel civilizado. Sin embargo, los bolsillos más acomodados podrán seguir usando hidromasaje diario y utilizando sus sedientos campos de golf.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de noviembre de 2006