El viaje del presidente Zapatero a Turquía estaba destinado a coincidir con un momento estelar de la trayectoria política del primer ministro turco, Tayyip Erdogan, cuando la agrupación política que dirige, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), celebra el Congreso donde el líder islamista podrá, si tal es su deseo, hacerse elegir candidato a una presidencia de la República que no tendría dificultades en alcanzar el próximo año dada la modalidad del sufragio. La cumbre de la Alianza de Civilizaciones, con la asistencia de Kofi Annan, sería el escenario adecuado para que ambos políticos reforzaran sus respectivas imágenes de creadores de un nuevo clima entre el mundo occidental y el islámico.
Sólo que en ese cielo azul acaban de aparecer las nubes de tormenta traídas por el Informe de la Comisión Europea sobre Turquía, con su amenaza de suspensión de las negociaciones para el ingreso, a lo que se suman los sondeos de opinión en los cuales puede apreciarse que el fuerte sentimiento nacional propio de los turcos se resiente del clima de oposición observable en Europa respecto de la admisión de su país, con un 45% de valoraciones negativas, y sobre todo frente a eventuales concesiones en la aplicación a la República de Chipre de las reglas de trato comercial garantizadas al resto de la Unión. Aquí el no roza el 70%. Lo que podía haber sido una concesión hecha en silencio y haciendo de tripas corazón por Erdogan al reconocer la inevitable presencia de los grecochipriotas en la UE, se convierte así en un obstáculo casi insuperable al verse movilizada la opinión turca en sentido nacionalista a un año de las próximas elecciones parlamentarias. Y es lógico que no sólo Chipre, sino todo Gobierno europeo que sienta respeto por la Unión, aunque sea favorable a la entrada de Turquía, insista en rechazar cualquier discriminación contra uno de sus miembros.
De la forma de hacer política de Zapatero no cabe esperar que en su encuentro con Erdogan ponga en práctica aquello que más falta hace a Turquía en las actuales circunstancias: un apoyo crítico. Con tal de exhibir la imagen de paladín del entendimiento religioso, sin mácula alguna, dejará sin leer los capítulos del informe de la Comisión Europea donde se ofrecen datos fehacientes acerca de la discriminación de que siguen siendo objeto las minorías religiosas, tanto armenios o griegos como alevíes, los derechos culturales de los kurdos, con millones de personas sin posibilidad de aprender la propia lengua en escuelas públicas o privadas, o las violaciones de derechos humanos, por fortuna en descenso. Curiosa alianza de civilizaciones la que cierra los ojos ante la persistencia del cierre del único seminario ortodoxo, clausurado por cierto cuando Erdogan era alcalde de Estambul. O ante el hecho de que la mención de la religión siga presente en los documentos de identidad. Por no hablar de la cuestión armenia, tema tabú para el Gobierno y la clase política turca, absurdo por el precio a pagar ante un futuro referéndum francés sobre el ingreso turco en la Unión, y dada la contundencia de la historiografía sobre unas matanzas que ciertamente Kemal Atatürk no podía reconocer en su día si quería asegurar la supervivencia del Estado turco, pero cuya negación carece hoy de sentido. Tan apegado como está Zapatero a la memoria histórica de las víctimas de la guerra en España, no resultará muy digno su silencio sobre un tema al que el Gobierno de Ankara podría ofrecer una solución conciliadora, proponiendo por ejemplo una apertura de archivos y un foro de expertos similar al de la Alianza para que elaborase un dictamen definitivamente esclarecedor. Desde la revisión de los fascismos al reconocimiento de la barbarie de los procesos de colonización, la conciencia democrática se ha asentado en Europa sobre el análisis de los episodios oscuros del pasado. Por su propio bien, Turquía no debe ser una excepción.
No son fotos de amigos y políticas de electoralismo alicorto lo que puede favorecer una incorporación a Europa, objetivo que por otra parte encaja a la perfección con los fundamentos de la República turca. La europeización, y la adopción de medidas drásticas para alcanzarla, fueron los pilares de la política con que Kemal Atatürk puso en marcha la Turquía moderna. Una línea a seguir y a apoyar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de noviembre de 2006