Un Kaláshnikov a cambio de una lavadora, un DVD o un televisor: la oferta suena muy tentadora. La última campaña de recogida de armas ilegales organizada por Naciones Unidas en Bosnia-Herzegovina, un país donde una parte importante de los fusiles utilizados durante la guerra civil sigue en circulación, es una lotería: cada ciudadano que entregue cualquier tipo de arma ligera, desde un fusil de asalto hasta una pistola o una granada, recibirá un número para participar en un sorteo. La oferta comenzó el lunes y se prolongará hasta el 5 de diciembre.
"Es la primera vez que este sistema se pone en práctica en Bosnia, pero ha funcionado en otros países de la región. Donde tuvo más éxito fue en Macedonia en 2004. Fueron entregadas 7.500 armas", explica desde Sarajevo Stefan Priesner, número dos de la oficina regional del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que ha organizado la lotería.
Los premios, cuyo valor total asciende a 7.000 euros, son neveras, reproductores de DVD, lavadoras, televisiones y alguna motocicleta. "Según un sondeo que encargó el PNUD en 2004, el 67% de los encuestados aseguraron que entregarían sus armas a cambio de incentivos", agrega Priesner. El concurso se ciñe al gran Sarajevo. Naturalmente, los dueños que entreguen las armas no serán perseguidos ante la justicia y podrán permanecer en el anonimato.
Muchas de las pistolas, granadas, lanzagranadas RPG o Kaláshnikov de la guerra (1992-1995) se han quedado en las casas. La misma encuesta revelaba que el 19% de los cuatro millones de habitantes de Bosnia tenía armas, la mayoría de forma ilegal (seguramente la cifra sea superior). En total, la población mantiene en su poder unas 500.000 armas ilegales, mientras que las legales (en su mayoría escopetas) ascienden a 353.000.
Desde el final del conflicto, las tropas internacionales y la policía bosnia han interceptado o recogido 52.000 armas cortas, 38.500 minas, 225.000 granadas de mano y 33.000 kilos de explosivos y otros 60.000 efectos militares.
"El sondeo revelaba también que el 38% de los bosnios mantenía sus armas por razones personales o para proteger sus propiedades. La mayoría de los ciudadanos de Bosnia-Herzegovina se sienten seguros mientras las tropas internacionales de la EUFOR sigan en el país. La posesión de armas no era una tradición cultural antes de la guerra, aunque algunos habitantes de los Balcanes guardan sus armas como un recuerdo o un trofeo de guerra", manifiesta Priesner.
La utilización de armas de guerra en enfrentamientos entre mafiosos, aunque menos frecuente que en otros países balcánicos, se produce de vez en cuando. El acceso a las armas en casa también puede provocar incidentes graves.
Pero el problema que pueden plantear las armas se encuentra más bien en el futuro. Pese a que han pasado 11 años desde el final de la guerra, las cuestiones que desataron el conflicto siguen pendientes y Bosnia es un país muy dividido, no sólo en dos entidades administrativas diferentes, sino en las cabezas de sus habitantes: bosniacos (musulmanes, 48,3% de la población), serbios (cristianos ortodoxos, 34%) y croatas (católicos, 15,4%). En la actualidad, todas las municipalidades tienen un 90% de la misma etnia, una polarización confirmada en las últimas elecciones legislativas. En ese contexto de desconfianza mutua, pese a que no ha habido enfrentamientos étnicos importantes desde el final de un conflicto que causó 100.000 muertos, 500.000 armas representan demasiado hierro en las calles.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de noviembre de 2006