Nos hemos acostumbrado a ver cómo los pueblos con paisajes paradisíacos han mutado para convertirse más bien en ciudades, arruinando, poco a poco, el motivo que los hizo tan atractivos para la construcción. Esto ha destrozado la belleza de nuestras costas y las montañas cercanas a las grandes urbes. Es el caso de Gredos, si no lo paramos. En Candeleda, varios alcaldes dejaron construir junto al lecho de un río bravío, donde los ancianos vieron en tiempos que fluían las aguas de la sierra. Luego se quejarán cuando lleguen las inundaciones. Se abusó con los permisos de construcción.
Llega un alcalde socialista que quiere poner orden y es la Junta de Castilla y León la que interviene en contra, obligando a la construcción de varios centenares de chalés en las faldas de unos montes de robles y pinos. Poco importa que el impacto ambiental y visual sea horrendo, que no haya agua en el futuro para abastecer a todo el pueblo, que no se hayan hecho informes arqueológicos. Importa que el abuso inmobiliario siga haciendo ricos a unos pocos despojándonos a todos de los pocos paraísos que todavía quedan.
El alcalde no se opone a un crecimiento sostenible en otra parte. Pero la derecha más cerril a veces sólo mira por el beneficio económico de sus grandes empresarios.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de noviembre de 2006