Con dos obras seleccionadas en la VIII Bienal de Arquitectura Española, Martín Lejárraga recorre Vigo sin ideas preconcebidas. "Tenía el recuerdo de una ciudad más industrial", pero un breve paseo por la zona del Puerto le ha hecho cambiar de perspectiva. Lejárraga inauguró ayer el ciclo de conferencias que complementa la exposición de la Bienal, patrocinada por el Colegio de Arquitectos, Caixanova, la Universidade de Vigo y la Concellería de Cultura. Las conferencias proseguirán en el MARCP hasta el próximo día 21 con otros arquitectos premiados en esta edición de la bienal.
Martín Lejárraga cree que en ocasiones el premio es más para la institución, cuando se trata de obra pública, que para el arquitecto: "Cuando hablamos de concursos públicos que derivan en construcción de obras, creo que estamos ante una acción muy generosa por parte de los arquitectos, porque se exponen, se arriesgan".
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Reconoce que a él no le gusta encasillarse en un tipo de construcción: "Tengo un estudio muy pequeñito y hago todo tipo de obras, hay gente que no lo entiende, pero yo estoy en contra de la especialización". Cree que el arquitecto "puede y debe saber hacer de todo", como demuestra con las dos obras que el jurado de la Bienal ha seleccionado de su trabajo. Una es una vivienda-estudio que construyó en Murcia para un pintor, confiesa que inspirado por una copla de Concha Piquer que dice aquello de "es la casa del rey moro, fuera con desconchones, y por dentro es un tesoro". Por eso el estudio debe verse desde dentro.
La otra obra es un conjunto de edificios culturales y un ascensor en la zona portuaria de Cartagena, "que ha permitido rescatar un trozo de la ciudad, en una zona muy degradada, que ahora ha recuperado uno de sus recorridos históricos".
La acometida del estudio de Lejárraga en la zona ha cambiado su fisonomía, e incluso permitió restaurar un edificio cercano del siglo XVIII. Los aires de Cartagena, ciudad donde reside, le parecen al arquitecto vasco muy similares a los de Vigo: "Una es una ciudad mediterránea y la otra atlántica, pero tienen muchas cosas en común". Por ejemplo, que las dos viven con el mar a la espalda, y sin embargo se les cuela por todos los rincones.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de diciembre de 2006