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Cuatro ofrece la impactante docuserie 'Alondra: historia de una transexual'

El programa, que mañana estrena la cadena, ha sido filmado por la propia protagonista

Alondra: historia de una transexual es el título de la docuserie que Cuatro estrenará mañana al filo de la madrugada. La producción, de tres capítulos que se emitirán en días consecutivos, es la crónica de Alberto Correa Correa, un transexual que se prostituye para reunir los 7.000 euros que cuesta una operación de cambio de sexo. El reality contiene impactantes y reveladoras imágenes, filmadas en gran parte por la propia protagonista. Para Fernando Jerez, director de antena de Cuatro, el nuevo programa es "el producto más emocionante que emitirá la cadena en mucho tiempo".

Alondra tiene 25 años, es venezolana y reside entre Madrid y Barcelona. Siempre se ha sentido como una mujer atrapada en un cuerpo de hombre. Hace años que toma hormonas, se ha operado los pechos y en octubre de 2005 se sometió en un hospital de Phuket (Tailandia) a una operación de reasignación de sexo. La docuserie, dirigida por el periodista Carles Porta, sigue paso a paso, durante ocho meses todo el proceso. Fernando Jerez, director de antena de Cuatro, define Alondra: historia de una transexual como un producto "infinitamente interesante" y declara que la docurrealidad es el género que "más alegrías proporciona a la cadena".

El 95% de las imágenes han sido filmadas por la propia protagonista. Sin cámara oculta; sin trampa ni cartón. Alondra, que se rebautizó así en homenaje al culebrón del mismo nombre, grabó cien horas con todos los detalles de su vida, sin escamotear nada, "desde escenas de prostitución hasta sus reflexiones más íntimas y sinceras, pasando por la despedida de su pene o el proceso de dilatación de la vagina", apunta Porta, y añade: "Estamos ante un documento único". Para Jerez, "no hay planos gratuitos, cualquier imagen, por fuerte o singular que sea, forma parte de un total redondo". El documento es "respetuoso con la realidad", según Porta, porque su objetivo "no es buscar el morbo, y ocultar escenas hubiera sido una autocensura imperdonable".

Recurrir a la técnica de la autofilmación ha permitido la presencia de la cámara en momentos y situaciones de gran valor informativo y social y gran emotividad, como el reencuentro con su familia en Nueva York después de 10 años. Las escenas de prostitución están protagonizadas con clientes reales, que dieron su consentimiento por escrito para ser grabados en acción.

Alondra encontró este trabajo a través de un anuncio y dice sentirse "muy orgullosa" de los resultados. Reconoce que al principio le costó acostumbrarse a llevar la cámara como un apéndice de sí misma, pero ahora la echa de menos. Desnudarse emocionalmente fue lo más incómodo, porque como ella misma explica: "Soy tímida y muy mía". "Participar en el reportaje me ha servido de terapia". Para Jerez, la emisión del reality es una forma de "hacer televisión digna y no un intento de conseguir cuota". "Alondra retrata la vida mejor que una ficción de Almodóvar o de Fernando León", termina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de diciembre de 2006