Cada año, cuando se acerca el día 31 de diciembre, debo hacer el resumen económico con las cuentas del trabajo y confrontar si lo que tenía presupuestado ha coincidido con lo que he gastado. El mismo ejercicio suelo hacer, éste por afición, aquél por obligación, con mis deberes familiares y personales. Con frecuencia no me cuadran las cuentas afectivas, ya que es más fácil ejercitar con numerales que con animales; bien entendido, que hablo de animales racionales. Sin embargo, me animo a mí misma y acabo pensando que, al pasar la hoja del calendario, yo también puedo recomenzar con una hoja nueva, inmaculada y llena de buenos propósitos. Y es lo que me anima, ya que bien dice el refrán popular: "Año nuevo...".
Gracias y feliz año nuevo 2007.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de diciembre de 2006