El vale de acompañamiento al regalo es como la malla protectora del trapecista de alto riesgo. Todo regalo entraña también un gran riesgo, porque es un examen en el que has de demostrar que conoces a la persona obsequiada, que sabes de sus gustos, sus aficiones, sus preferencias e, incluso, de sus deseos no confesados. Con el vale de acompañamiento, este peligro desaparece y, aunque te equivoques, siempre aciertas. Como le ocurre al trapecista, que si falla en sus arriesgados ejercicios nunca se hará daño. El regalo así es más práctico, pero menos poético. Tonelete.
Acompañar los regalos por un vale para poder cambiarlos es un acto de mal gusto. Los obsequios no tienen valor; se dan con el corazón, no con la billetera. Rafael Gijón.
Jamás se me ocurriría cambiar un regalo, salvo que se trate de algo que ya tengo. Entiendo que un regalo es una ocurrencia que ha tenido otra persona sobre algo que me podría gustar; es una muestra de cariño y conocimiento sobre la persona a quien se regala. Aborrezco los que consisten en dinero o un cheque para que compre lo que quiera. Lo que de verdad necesito, como un piso, está fuera del alcance de quienes me pueden hacer un regalo. Cronopio77.
Depende del regalo. Si es ropa o algún otro elemento que puede no "encajar" adecuadamente con el destinatario, es adecuado darle la oportunidad de cambiarlo. Elidas.
Existe el mercantilismo porque hay consumismo. ¿Quién es el primero, uno u otro? Noelneli.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de diciembre de 2006