La isla de Manhattan se vio invadida durante la mañana de ayer por un extraño olor ácido que hizo temer a sus vecinos por una gran fuga de gas o algo mucho peor. Y es que en la era posterior al 11-S, hasta el aroma más inusual crea psicosis entre los neoyorquinos y los medios de comunicación, por el temor a que la ciudad reviva la pesadilla de un nuevo golpe del terrorismo. Las autoridades locales están investigando el origen de este misterioso olor.
No es la primera vez que la ciudad de los rascacielos se ve invadida por un extraño aroma a sirope, como revelan las llamadas hechas al teléfono de asistencia al ciudadano. Ayer, el olor era más ácido y empezó a notarse cuando los neoyorquinos iban hacia sus trabajos. Se sentía desde la zona baja, de Manhattan hasta Central Park, así como en algunos puntos en Nueva Jersey. Como medida de precaución, se evacuaron edificios y se suspendió el servicio de tren que une Newark y el Midtown.
En un primer momento se pensó que el olor era consecuencia de una fuga de gas. Pero el alcalde, Michael Bloomberg, informó a los neoyorquinos de que ese extraño aroma no planteaba ningún riesgo y explicó que los sensores no indican ningún nivel peligroso.
"Se trata simplemente de un olor desagradable", insistió Bloomberg, mientras sugería que la alarma estaba siendo creada por la prensa. El Departamento de Seguridad Nacional también restó dramatismo a la situación diciendo que no había indicios de que este olor estuviera vinculado a una amenaza terrorista. Las líneas de metro retomaron la actividad de inmediato y Wall Street operó durante la jornada con total normalidad.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de enero de 2007