La utilidad de las encuestas de evaluación que realizan los alumnos universitarios sobre la labor de sus profesores está inmersa en un debate. Hay facultades que las han convertido en optativas o que, incluso, las han eliminado. Ayer, en la Universidad de Córdoba (UCO), profesores, expertos y alumnos discutieron sobre esta cuestión. Todos coincidieron en la necesidad de replantearse este instrumento.
La UCO lleva 11 cursos, ininterrumpidamente, realizando este tipo de encuestas. Uno de los problemas más importantes reside en que el número de alumnos que las contesta se ha ido reduciendo considerablemente. Ruiz achacó esta disminución de la participación a las fechas en las que se realizan las encuestas (final de curso) y al "escepticismo de los estudiantes ante la aparente ausencia de consecuencias". Por ello, el vicerrector optó por mejorar el sistema para que suponga una "parte importante de la evaluación global" de los docentes.
Tanto la representante de los alumnos, Carmen Sáez, como el catedrático Miguel Valcárcel, coincidieron en la necesidad de que esas encuestas tengan una consecuencia real sobre los docentes. Valcárcel, miembro de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), recordó cómo la dirección de la UCO entregó diplomas a los profesores mejor valorados y cartas de "apremio" a los peor calificados.
La alumna Sáez fue más allá al proponer que los profesores que no cumplan correctamente con su actividad docente tengan menos facilidades para desarrollar su faceta investigadora o que los mejor calificados se vean recompensados en sus salarios.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de enero de 2007