Parte de los vecinos que viven en los bloques que rodean la sala de fiestas La Paloma, situada en el barrio del Raval de Barcelona, impidieron ayer que los técnicos contratados por este local hiciesen mediciones acústicas. Además, organizaron una cacerolada de protesta.
Desde La Paloma, aseguran que estas pruebas son imprescindibles para realizar los trabajos de insonorización que permitirán, en un futuro, que la sala vuelva a abrir sus puertas. "Los vecinos no nos dejan entrar, no quieren que les molestemos", dijo una portavoz de este emblemático local.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de enero de 2007