Estados Unidos cerró 2006, el año de la temida desaceleración, con un crecimiento del 3,4% del producto interior bruto (PIB), dos décimas más que en 2005, después de que en el cuarto trimestre su economía se expandiera un robusto 3,5%. La solidez del dato volvió a alejar la posibilidad de una rebaja de los tipos de interés en EE UU, que la Reserva Federal (Fed, banco central estadounidense) volvió a dejar ayer estables en el 5,25%.
El frenazo que se vivió en el segundo y el tercer trimestre de 2006, con tasas de crecimiento del 2,6% y el 2%, hizo temer lo peor durante el pasado otoño. Sin embargo, en la recta final del año se produjo un inesperado repunte que llevó la expansión medio punto por encima de su potencial (3%). El presidente de EE UU, George Bush, con la popularidad por los suelos por la guerra de Irak, intentó rentabilizar el dato y dijo que "sólo hay un líder económico indiscutible en el mundo: EE UU".
Aunque se trata de la primera estimación, el dato del cuarto trimestre revela una mejora en la balanza comercial y que el consumo privado creció gracias al descenso del precio de la energía, lo que amortiguó el enfriamiento en el sector de la vivienda. Bush recordó que desde agosto de 2003 se crearon 7,2 millones de empleos en EE UU y que se va a reducir el déficit fiscal a la mitad con tres años de antelación.
El consumo privado, del que dependen dos tercios del PIB, creció un 4,4% el último trimestre. Sin embargo, la inversión empresarial cayó un 0,4% y un 19,2% la actividad en el sector inmobiliario, lo que evidencia una vez más el punto débil de la economía de EE UU. La balanza comercial aportó 1,6 puntos al PIB y los precios vinculados al consumo personal cayeron un 0,8%, el mayor descenso en 52 años.
La Reserva Federal debía aclarar ayer su estrategia monetaria tras siete meses con los tipos en el 5,25%. El dato de PIB reveló que los precios se moderan con mayor rapidez de lo anticipado. Sin embargo, un crecimiento por encima del potencial y un mercado laboral sólido plantean un riesgo para la inflación que el banco central no pierde de vista.
Wall Street esperaba que la Fed empezara a bajar tipos en primavera, pero la solidez de los últimos datos aplaza esa posibilidad hasta bien entrado el verano como pronto, si no procede antes a otra subida. La economía podría permitirse un nuevo encarecimiento en el precio del dinero. Pero el banco central también tiene en cuenta el efecto que una subida de tipos podría tener en un mercado inmobiliario que empieza a estabilizarse.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de febrero de 2007