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Reportaje:

Apaga la luz que voy a ducharme

Vecinos de fincas del pasaje Duc de la Victòria sufren descargas eléctricas cuando el Ayuntamiento riega la calle

Ducharse en las casas del pasaje del Duc de la Victòria de Barcelona es una actividad de riesgo. Más de uno se ha pegado un calambrazo al entrar en contacto con el agua: en la ducha o lavando los platos. Un día sí y otro también. Y pasan más cosas en ese corto tramo de la ciudad: un restaurante lleva tres días sin gas y le han dicho que puede estar así otra semana entera; un vecino se quedó el jueves pasado atrapado en un ascensor; hay un podólogo que nunca sabe si va a terminar la tarea porque se queda a oscuras con mucha frecuencia; otro restaurante ha tenido varias averías en su máquinas por subidas y bajadas en la tensión eléctrica.

Pero, sobre todo, en ese trecho de calle, que abarca también algunos edificios de la plaza de la Villa de Madrid, hay un cabreo notable: están hasta el gorro de averías, de quedarse sin luz y, sobre todo, de que nadie se tome sus problemas en serio.

El último incidente se produjo el pasado 25 de enero y se prolongó hasta ayer al anochecer. En el cine hablan de gags encadenados, aunque aquí hablar de gags puede no gustar nada a los vecinos, para quienes maldita la gracia del asunto.

Resumiendo: la avería eléctrica aparece el 25. Una brigada acude el 26 y corta la luz para localizarla. El 30, alguno de los operarios golpea una tubería del gas y provoca una segunda avería, que, además, dilata la solución del problema eléctrico porque comporta claros peligros. El 31, los operarios del gas dan por solventada la avería exterior, pero los inspectores detectan una segunda fuga en el interior y no dan el gas. La luz la recuperaron los vecinos ayer. El gas va para largo.

"Cada vez que el Ayuntamiento riega la calle, el que tenga el grifo abierto se pega un corrientazo. Te quejas, buscan la fuga, la arreglan y hasta la próxima". Al menos una docena de vecinos utilizan palabras casi idénticas para describir su indignación.

Fecsa Endesa reconoce que hay un problema. El último detectado, explicó un portavoz de la empresa, ha sido una fuga en la calle, difícil de localizar. De ahí la tardanza. Además, la reparación se ha complicado con la avería de gas. Se trataba, dijo, de una "avería latente", un rasguño en la protección de los cables originado "posiblemente" por obras de otra empresa. Pero hay, añade el portavoz, otro problema añadido: la instalación de las seis fincas que sufren los problemas es antigua (54 años) y de ahí que la corriente pase de los cables de la luz a las tuberías del agua y, por eso, los calambrazos que experimentan los vecinos. La solución es cambiar la instalación. "Es razonable", dice Alfred Comín, vecino y afectado perpetuo, "pero nadie nos lo ha dicho nunca. Si Fecsa nos hubiera enviado una carta, lo habríamos tenido en cuenta".

Respecto al gas, no hay solución: "No podemos dar suministro con un escape", dice un portavoz de Gas Natural. Pero el propietario de La Taverneta tiene una cosa clara: "Yo antes no tenía ningún escape".

El consistorio no sabe nada.

"¡Búsquense la vida!"

Esta semana ha habido palabras gruesas en el pasaje del Duc de la Victòria. Algunos vecinos se encararon con los operarios. Pedían ser avisados antes del corte de luz. Uno de los trabajadores se encaró con ellos: "No es cosa mía. ¡Búsquense la vida!". La intervención de los sectores más pausados hizo que la cosa no fuera a mayores. Fecsa Endesa dice que sólo se avisa en obras programadas. Las averías son actuaciones de urgencia y no se puede avisar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2007

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