Noche apoteósica para Miguel Poveda, que cantó en todo momento como transitado por ángeles y duendes flamencos. No sé dónde va a llegar este muchacho, que cada vez que actúa ofrece cosas nuevas muchas veces impensables. Esta noche comenzó tranquilo, como si no fuera a pasar nada, pero cuando nos quisimos dar cuenta estaba ya metido hasta las trancas en los avatares del más difícil todavía.
Pasará mucho tiempo antes de que nadie se iguale en el cante a Miguel Poveda. Con el piano de Amador por todo acompañamiento, por ejemplo, hizo los cantes de levante de manera asombrosa, forzando su voz hasta límites insostenibles. Fueron unos cantes hermosos, valientes, de plenitud. Cantes así no los puede hacer quien no esté bien ducho en este arte, y hoy por hoy podemos decir sin temor a equivocarnos que sólo los puede hacer Miguel Poveda, acompañado por un piano de la categoría del menor de los Amador.
Miguel Poveda, Serranito y Tierra de calma
Guitarra en concierto: Serranito. Baile: Ángel Muñoz. Percusión: Víctor Monge Júnior. Cante: Miguel Poveda. Toque: Juan Carlos Romero y Paco Cruzado. Percusión: Paquito González y Antonio Coronel. Invitados: Diego Carrasco (cante y baile), Diego Amador (piano) y Rocío Molina (baile). Teatro Albéniz, Madrid, 31 de enero.
Con el baile de Rocío Molina, el cantaor hizo unos temas excelsos. Cantándole de pie junto a ella, dándolo todo de manera admirable. Hay que decir que la bailaora estuvo sembrada de arte, en una parte tan difícil como su salida la primera vez en medio de absoluto silencio. Después, Poveda se situó a su lado, y bordó un cante de una calidad extraordinaria, largo de extensión y sin un respiro que le aliviara. Fue memorable. Después, la bailaora intervino junto a Diego Carrasco en otro tema, donde mejoró su baile anterior si es que eso era posible, y por último intervino también en las bulerías finales. Bien por Rocío Molina, bien, bien.
Otro punto culminante fue la aparición de Diego Carrasco, con sus maneras características. Cantando y bailando, puso una nota de bien hacer a la altura de Miguel Poveda. Quien cantó -¡y bailó!- con él de manera admirable. La noche ya se veía cargada de unas novedades y una belleza imponderables, pues Carrasco siempre tiene algo nuevo que decir a la audiencia, y Poveda en esta ocasión no le fue a la zaga, cantando y bailando con rara precisión. Carrasco actuó de nuevo con la bailaora, rubricando su excelencia.
No fue esto todo, con ser bastante, lo que hizo Miguel. Queda su cante en solitario, verdaderamente excepcional, un cante que queda en la memoria de la audiencia. El número de los cuplés, por ejemplo, verdaderamente grande y nuevo, en que fue apuntando versos sueltos de diversas canciones españolas. O las siguiriyas finales, de una belleza sin precedentes. O el bolero que regaló a Pedro Almodóvar, quien se hallaba entre el público...
Delante actuó en concierto Serranito, quien recibió el galardón Calle de Alcalá de este año. Hizo un excelente toque, e incluso se cantó una copla, siendo muy aplaudido.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2007