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COLUMNA

El IVAM contra La Bonita

Quizá sea mucho pedir, pero nadie discutirá que la actitud de quien gestiona cultura debería ser algo más sensible que la que habitualmente traslucen los promotores de PAI y demás especies depredadoras.

No tocan, ahora, consideraciones sobre los derroteros artísticos que sigue en los últimos años el que fuera (¿y es?) prestigioso instituto. Pero aún mancha la tinta con que se nos informaba sobre notorias contradicciones entre Cultura y la dirección del IVAM acerca de la proyectada ampliación de la sede en Guillem de Castro. Primero fue la certeza de que esta expansión largamente anunciada no tiene presupuesto asignado, y luego el anuncio de la secretaria autonómica, Concha Gómez, de que la "piel de acero" diseñada por Sejima y Nishizawa no se abordará antes de 2009: no conviene meterse en albañiles durante este año de Copa del América, con Valencia convertida en "escaparate frente al mundo".

Alguien se debió llevar las manos a alguna alicatada cabeza, y de inmediato brotaron las matizaciones. La del conseller Font de Mora, que la ampliación sigue el curso previsto y estará lista en 2011, aunque primero hay que "consolidar la propiedad de la manzana". Por parte de la directora, Consuelo Císcar, que las obras empezarán el año que viene, y que ignora si el programa electoral del PP las incluirá, "aunque se trata de un compromiso del presidente Camps".

Pero, ¿qué hay de la otra parte contratante? ¿Qué pasa, qué piensan, qué sienten las personas desalojadas, las que se quedan, los comercios temerosos de El Carmen, tan machacado, y al que el templo del arte contemporáneo jamás aportó beneficio alguno ni ninguna clase de glamour? Ni qué decir que la Asociación de Vecinos fue desde el principio más partidaria de la rehabilitación que del derribo y levantamiento de nueva planta. Por eso propusieron aprovechar otros edificios y solares que podrían servir como múltiples sedes con funciones y usos diferenciados "generando interacción entre diferentes espacios, que potencien tanto la actividad del museo como la vida del barrio". Consideremos, además, que el éxodo de 50 familias despuebla aún más un lugar medio vacío, y que el realojo de algunas ni siquiera parece del todo solucionado. La sangría consiste en 70 propiedades compradas o expropiadas, contando entresuelos y plantas bajas, una de las cuales precisamente alberga el centro cultural en el que hoy me gustaría detenerme. Se llama Aurora, ese nombre tan poético y tan querido a la acracia de principios del siglo pasado. Un lugar de reunión y exposición, donde se dan charlas y cursillos, se presentan libros... fruto del esfuerzo y el idealismo (término también anticuado donde los haya) de un puñado de mujeres que trabajan para las mujeres. Qué lucha tan desigual. Aurora está en una de esas diez fincas condenadas, concretamente en la conocida como La Bonita, que paulatinamente se ha quedado desierta porque poco después de establecer allí su sede apareció la espada de Damocles de una piqueta anunciada. Pero lo peor ni siquiera es que nadie haya pensado en incorporar ese espacio al nuevo proyecto, en agradecer, respetar y apoyar la cultura de base que irradian... Lo peor, dicen, es el acoso a que se las ha sometido para que vendieran, y el desprecio con que se las ha tratado al no ser informadas sobre los planes que se urdían a sus espaldas aunque a su costa.

Aurora se queja, y lo ha denunciado por vía civil, de que Cultura no cumple con sus deberes de propietaria y tiene los inmuebles abandonados sin evitar la okupación y los destrozos. Hablan de atropello, de "deshumanizados agentes de ambiciosos y electoralistas proyectos" y de que no es justo que los afectados tengan que pagar con su patrimonio parte del coste del lujosísimo proyecto; "y eso, creemos nosotras, sería un agravio que no deberían permitirlo las leyes ni la ética política". El ocaso (marca funeraria, por cierto) se cierne sobre La Bonita, y sobre Aurora y todo lo que esta iniciativa representa. Como ellas no tienen acceso a ruedas de prensa multitudinarias, con gusto me hago eco de su lamento. Por si sirviera para algo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2007