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Reportaje:

Apagón de moda

La Semana de Valencia discurre con cierta apatía y se suma a la denuncia medioambiental

La cuarta jornada de la Semana de la Moda de Valencia de otoño-invierno volvió a discurrir con bastante apatía y una discreta corrección que dice mucho y poco a la vez del estado actual de lo que algunos se empeñan en denominar "moda valenciana". De las estoicas monjas laicas al desfile de disfraces circenses de los que te suben los colores. Así funciona esta pasarela que ayer se sumó al apagón de cinco minutos en denuncia del cambio climático. Todas las modas, todos los modos, pocas tendencias.

La Semana vuelve a actuar como escaparate virtual de los vectores sociológicos de este país. Abrió Higinio Mateu con una colección bastante ajustada tanto al patrón como a las intenciones. Retoma la falsa idea de una mujer atrevida-pero-femenina envuelta en tejidos naturales y formas bastantes acicaladas: un boceto de estilo donde las siluetas y el dibujo responden al deseo de una ropa bastante neutra de atmósfera complaciente. Martín Pérez Ripoll presentó una colección anodina donde los años sesenta están presentes de manera sutil con un escaso vocabulario. La combinación de colores ciertamente sobrios como el berenjena y el verde militar ayudaban a ese perfil donde la única concesión al adorno fueron los pañuelos en la tête y una Vespa plateada en la pasarela. Lo mejor de la presentación.

Fiel a sí mismo, Theo Garrido desarrolla vestidos de una elegancia bisoñé en colores parcos, con un uso discrecional del popelín y el terciopelo de toda la vida, las lentejuelas y el punto de seda. No responde a los parámetros de su tiempo; no renuncia a su público cliente y eso le impide avanzar en buscar una voz propia. Anamaría, en la misma línea de contención pequeño-burguesa, optó de nuevo por un desconcertante trabajo con tintes étnicos de todo-a-cien. Si en la edición pasada visitaba Grecia, ahora se decanta por la India. Las siluetas de Anamaría se apoyan en el uso y abuso de las prendas cruzadas. Brocados, pedrería, rasos y sobresaturación de gasas y tafetán.

Alex Vidal cerró la jornada con una colección de corte visceral, líneas puras donde imperan los detalles de los acabados y un derroche de búsqueda orientalista. Su perfil formal ciertamente burgués no se atempera con las tendencias, y eso valoran sus faldas largas, blusas con volantes, chaquetones y americanas en terciopelo para hombre. La serigrafía orientalista y unos vestidos muy clasicistas donde se combinan los acolchados de guata y las redes bordadas de toda la vida apuntan la idea tántrica en reserva de esta colección. El empaque es uno de sus rasgos básicos. Y el artificio. Su ropa es lo más opuesto al sincretismo oriental. Sofisticación que evoluciona con teatralidad hacia la moda impacto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2007