Tres días después de firmar un alto el fuego siempre precario, tras virulentos choques armados que dejaron 34 muertos el pasado fin de semana en Gaza, las milicias palestinas se enzarzaron ayer en nuevas batallas en la franja, que dejaron seis muertos.
Al menos tres miembros de la Guardia Presidencial y dos civiles murieron en una emboscada tendida por milicianos de Hamás a un convoy que transportaba armas, según los atacantes, y tiendas de campaña y equipos médicos, según portavoces de Al Fatah. Al final de la tarde, en otro tiroteo murió también un miembro de la fuerza ejecutiva del Ministerio del Interior, que controla Hamás.
Los enfrentamientos comenzaron por la mañana, después de que militantes de Al Fatah dispararan contra dos portavoces de Hamás y los islamistas arrasaran un cuartel de la policía dependiente del presidente, Mahmud Abbas. Todo apunta a que se trata de un anticipo de enfrentamientos mayores.
Que lo peor está por llegar es la convicción que transmiten los habitantes de la franja. La negociación para formar un Gobierno de unidad nacional que ponga fin a los combates tiene el perfil de una pantomima. Hamás rechaza cumplir las exigencias de la comunidad internacional -reconocimiento de Israel y fin de la violencia- y abandonar el Gobierno después de su triunfo en las elecciones de enero de 2006, y el presidente Abbas no parece interesado en el pacto. Entre otros motivos, porque así se lo han exigido EE UU e Israel para reiniciar el proceso de paz.
En Cisjordania, soldados israelíes mataron en Nablus a dos militantes de Al Fatah y a un tercero en Tulkarem. Otro hombre, que trataba de adentrarse en Israel en las cercanías del control militar de Kalandia, a 12 kilómetros de Jerusalén, también pereció bajo el fuego de los uniformados.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2007