Leemos en un artículo de Soledad Gallego-Díaz (EL PAÍS, 26-01-07) que un tratamiento farmacológico contra el cáncer (Gilvec, concretamente) cuesta 27.000 dólares por paciente y año, y que ese mismo tratamiento realizado con genéricos costaría 2.700 dólares. Teniendo en cuenta que el tratamiento original podría llevar 20 años funcionando, que es el tiempo que le permite la ley de patentes, ¿cuántos miles de millones ha ganado la empresa farmacéutica con este medicamento durante ese periodo? ¡Y todavía quieren prorrogar durante 20 años más su derecho a fabricación y venta exclusivas! Pues por lo visto, ésta es la causa del contencioso de una farmacéutica con el Gobierno de la India, objetivo de la campaña de MSF (Médicos Sin Fronteras) e Intermón Oxfam. ¿Es justo que la fabricación de fármacos esté en manos de multinacionales voraces a las que cualquier beneficio les parece insuficiente, cuando millones de personas están muriendo de enfermedad porque no pueden acceder a las medicinas que necesitan? No es extraño que también el Gobierno de Tailandia, donde miles de personas están cayendo como moscas por el VIH, haya decidido autorizar en su país la comercialización genérica de dos fármacos con patente extranjera, uno de ellos precisamente contra el sida.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2007