Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:

Escultura

Jaume Plensa presenta bajo el título de Sinónimos unas imágenes de impacto escultórico. Pese a ser superficies planas, entre el dibujo, el collage y el fotomontaje, la presencia que cobran ante el espectador es similar a la de las esculturas o tótems de antiguas culturas.

Las virtudes de la escultura se apoyan en las cualidades de presencia que abarcan desde el monumentalismo de las culturas primitivas hasta la gestalt de la modernidad. Buena parte de esa cualidad se confía a la materialidad que dota de masa y volumen a la obra, por eso cuando el arte se sometió a los procesos de desmaterialización para hacerse "conceptual" la categoría escultura tuvo que redefinirse para poder dar cabida en su seno a todo un aluvión de técnicas expresivas que llegaron a poner en duda la pertinencia de seguir llamando esculturas a muchas obras que se presentaban bajo esa condición. Uno de los escultores más acreditados de España, Jaume Plensa (Barcelona, 1955) presenta como dibujos tres obras formadas por unas series de imágenes fotográficas, retocadas con trazos de grisalla a los que ha superpuesto palabras tipografiadas. Al crítico, y también al público, se le somete a un dilema: ¿es escultura el trabajo del escultor o las imágenes son fotografías, los trazos sin color dibujo y las palabras poesía?

JAUME PLENSA

'Sinónimos'

Círculo de Bellas Artes

Alcalá, 42. Madrid

Hasta 25 de marzo

Ciertamente, desde que apareció la fotografía muchos escultores se sirven de ella y algunos han llegado a hacer notables aportaciones estéticas con imágenes. Lo mismo sucede con el dibujo, siendo cientos los escultores que han sido excelentes dibujantes con independencia de su obra plástica. También hay escultores que son espléndidos poetas, recordemos los sonetos de Miguel Ángel, y Jaume Plensa escribe poesía que, además, es muy buena. Sin embargo, estas piezas que ahora presenta sobre unos soportes planos, enmarcados y colgando de la pared creo que no deben ser interpretados como fotografías, dibujos o poemas visuales, tampoco como collages o fotomontajes, como se podría suponer atendiendo a sus elementos plásticos, sino que la socorrida y elusiva frase de las cartelas: "técnica mixta", en este caso, tiene para mí un calificativo claro: "escultura". Son esculturas no porque las haya realizado un escultor sino porque poseen la cualidad de presencia. Son figuras hieráticas, contundentes, de dos metros de altura, como aquellas que en las culturas antiguas se tallaban sobre piedra, o son rostros que miran a quienes los mira, imponiéndose así al espectador.

En 1994, Plensa presentó en

Madrid una obra Wonderland formada por 38 puertas pegadas a la pared de la sala, en ellas el relieve se reducía a pocos centímetros, pero la áspera y contundente materialidad, pesada y opaca, mantenía el carácter escultórico de la instalación y transmitía al volumen de la habitación la idea de espacio tallado. Con las actuales obras ha dado un paso más, los marcos recuerdan las puertas pero las imágenes sustituyen a la hoja, como si ésta se hubiera abierto y los moradores salieran a decirnos "algunas palabras". Pero esas imágenes no sólo poseen figura y rostro sino que han sido estampadas sobre una materia que no es el papel habitual, ni tampoco esas láminas ligeras y etéreas que usan los fotógrafos, sino que se sostienen en una especie de látex rugoso que, aun siendo traslúcido, posee la textura suficiente para insinuar materialidad, por todo eso son escultura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2007