Durante la dictadura de Franco muchos escritores españoles considerados heterodoxos tuvieron que publicar sus obras en sellos latinoamericanos como Losada o Sudamericana. Un libro presenta ahora un panorama de esos años de exilio y censura.
UN VIAJE DE IDA Y VUELTA. La edición española e iberoamericana (1936-1975).
Antonio Lago Carballo y Nicanor Gómez Villegas (editores)
Siruela. Madrid, 2006
266 páginas. 17,90 euros
No es un asunto nuevo pero basta regresar a él, incluso en forma de coloquio y conversación, como en este libro, para que rebrinque con crudeza la sensación de no haber contado por completo las esquinas del exilio para que nos hagamos una idea cabal de las vinculaciones que estableció la industria editorial española con su industria exiliada, y la utilidad gigantesca que los españoles súbditos y víctimas del franquismo obtuvieron de esas relaciones. O de la presencia, clandestina o fatigosamente negociada, de los libros del exilio en las librerías españolas, pese a las indecencias argumentales para prohibir su difusión que utilizaron algunos jefes de negociado de entonces como Gabriel Arias Salgado o Carlos Robles Piquer.
El experto en el asunto no hallará gran información nueva, pero sí obtendrá un panorama revisado en clave humana, biográfica e institucional; el curioso, un pasado que va contándose a pedazos. La evocación de editorial Sudamericana y el gran editor catalán Antoni López Llausàs está al lado de algunos datos del origen de Edhasa y otros más sobre la peripecia de Gonzalo Losada y Austral, de Francisco Porrúa o de Juan Grijalbo. Datos menores pueden decir mucho, como que antes de estar detrás y delante de Alianza, Javier Pradera fuese en 1962 el primer gerente en España Fondo de Cultura Económica, y ésa era entonces, como hoy, una editorial con un catálogo abrumador. No es nada extraño que la censura franquista prohibiese formidables libros como el de Jean Sarrailh sobre la España ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII o el Erasmo en España de Bataillon porque la ironía de Pradera es incluso benévola: por supuesto que eran subversivos esos libros, tanto como pueda serlo descubrir que el pasado está sembrado de predecesores en una actitud racionalista o heterodoxa que apenas ningún lugar de la España oficial defendía. Las deudas están en las bibliotecas de tantos de entonces, a veces ya también en las nuestras, porque los libros siguen mostrando sus lomos con sellos editoriales de México y de Argentina, tanto si los fundadores de aquellas editoriales son exiliados como si son nada más que transterrados como si no son ni una cosa ni la otra, sólo excelentes editores. Todavía es verdad, pese a que pasen ya más de treinta años, que Si te dicen que caí de Juan Marsé obligaron a publicarlo fuera de España. Es que era tan descarnadamente subversivo como la civilizada erudición de Sarrailh o Bataillon.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2007