Immanuel Kant es uno de los protagonistas de un thriller insólito. Será el mentor de un magistrado que debe resolver una serie de sádicos asesinatos. Michael Gregorio ha creado un relato escrito entre la realidad y la pesadilla con dosis de erudición y fantasía. Primera entrega de una saga policial en la convulsa Prusia de comienzos del XIX.
CRÍTICA DE LA RAZÓN CRIMINAL
Michael Gregorio
Salamandra. Barcelona, 2007
411 páginas. 18,50 euros
Michael Gregorio es profesor de filosofía. En la actualidad vive en Italia. Con esta telegráfica concisión despacha la editorial la personalidad del autor en la solapa, sin foto y sin mención de publicaciones previas, un enigma más que esta vez no resolverán las páginas de su enigmática y gótica novela Crítica de la razón criminal, una intriga histórica y policiaca que cuenta entre sus protagonistas con Immanuel Kant, un Kant envejecido y misántropo que ejerce como mentor de un magistrado prusiano de provincias encargado de resolver una serie de sádicos asesinatos que han conmocionado a la austera ciudad de Könisberg y despertado el más vivo interés por la muerte y el crimen en el viejo filósofo. Su intrusión en entornos tan alejados de su reducido y severo ámbito de universidad y estudios, la justifica Gregorio con la improbable existencia de un nuevo tratado filosófico, la Crítica de la razón criminal que el metódico pensador habría emprendido con renovados bríos en los últimos años de su vida, entre otras cosas para alejarse de las rencillas y querellas académicas que enturbiaron ese periodo de su prolífica existencia.
La sombra de Kant tiende sus alas nocturnas de murciélago sobre las pesquisas del magistrado Hanno Stiffenis al que acompaña ocasionalmente en sus macabras excursiones por callejones lúgubres y helados, fortalezas y mazmorras convenientemente lóbregas, tabernas infames, prostíbulos y covachas, la otra cara de la piadosa y severa ciudad de Könisberg y de sus ateridos ciudadanos que viven en una doble zozobra por la inminente invasión de las tropas napoleónicas y por los espantosos crímenes que parecen obra del mismísimo diablo y de su afilada zarpa. Una atmósfera de novela gótica y británica trasplantada con excelente oficio a las brumas germánicas, un desfile de personajes folletinescos y grotescos, máscaras de la brutalidad y el crimen, nigromantes, prostitutas, borrachos, asesinos y curanderas, y un desafío a la razón suficiente para poner en peligro la lucidez del más racional y frío de los filósofos prusianos en horas bajas.
Con dosis medidas de erudición y fantasía, Michael Gregorio recurre a los mecanismos tradicionales del cuento de terror y acumula truculencias y golpes de efecto sin miedo al hartazgo del lector o a la pérdida de credibilidad de un relato escrito en una zona límite entre la realidad y la pesadilla. Los datos históricos y las referencias filosóficas se cruzan en un paisaje congelado y sombrío con minuciosos detalles sobre los albores de la ciencia forense a dos pasos todavía de la superstición y el oscurantismo y el autor se recrea hasta el morbo en descripciones anatómicas de cabezas cortadas y conservadas en alcohol, heridas terribles, deformaciones y tumores, en un viaje alrededor de Könisberg, ciudad que Kant nunca abandonaría, salvo en un breve periodo juvenil como preceptor particular.
En la contraportada se anuncia la novela como primera de una saga policial protagonizada por el magistrado kantiano y ambientada en "la adusta y convulsa Prusia de principios del XIX".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2007