Llegado el mediodía y terminada su semifinal de los 3.000, Jesús España, el más joven de los dos, dijo: "Intentaré ganar la final". Diez minutos después, terminada la suya, Alberto García, el veterano, dijo: "Voy a empezar a trabajar para el Campeonato de Europa de cross, que se celebra en Toro en diciembre". Entre ambos atletas, ambos de la periferia de Madrid, de Vallecas, de Valdemoro, ocho años de diferencia, 36, 28. Entre ambos atletas, el que alcanza su madurez, el que ve que no puede más, un mundo.
Los caminos de ambos fondistas se cruzaron por primera vez hace cinco años, cuando el pleno de medallas español en los 3.000 metros de Viena 2002: García, Penti, España. El año siguiente, en Birmingham, en el Mundial en pista cubierta. Alberto García, en la cima de su arte, terminó segundo después de pelear mano a mano con el mito etíope Haile Gebrselassie. Fue su última carrera, el broche a un año mágico que le había visto coronarse campeón de Europa en pista cubierta de 3.000, al aire libre de 5.000 y plusmarquista europeo de 3.000 y 5.000 metros en pista cubierta. Menos de un mes después, la miseria. Positivo por EPO en los Mundiales de cross, el vallecano debió purgar una suspensión de dos años. No ha vuelto a alcanzar el nivel de 2001-2003, no ha vuelto a tutear a los africanos. No ha vuelto a ser el mejor de España.
En aquella final de Birmingham, en la misma pista de estos Europeos, sobre la misma superficie de tarima en la que rebota el pie que tan buenas sensaciones le provoca, Jesús España terminó cuarto. Los años siguientes empezó a rellenar el hueco de García con el oro al aire libre en Gotemburgo 2006. Sus trayectorias volvieron a cruzarse ayer en la ciudad inglesa. Los papeles, intercambiados. España, hacia arriba, primero sobrado de su serie. García, eliminado: 2.700 metros de exhibición, en cabeza, acelerando. 300 metros andando. Terminó en más de 8 minutos, 30 segundos más lento que su mejor marca. "Pero no es la edad", dijo García. "La edad la marcan los entrenamientos y los últimos eran muy buenos. Y si se me hubiera pasado por la cabeza que no me iba a clasificar para la final, no habría venido, seguro".
García, sin esperanzas. O así se retrató ante la prensa, quizás aún confundido por su triste final. "No puedo pensar en Osaka, en los Mundiales al aire libre. Ya me sería casi imposible entrar en una final, tal es el dominio africano", dijo García, quien en sus mejores tiempos fue capaz de hasta derrotar al keniano Lagat y a alguno más. "Y no sé. Pasarme al 10.000 ya lo intenté el año pasado y no salió bien. Y el maratón, tampoco. Mi estilo de correr es muy poco económico para esa carrera".
Jesús España, el apacible maestro de Valdemoro, no se come el coco más que por lo que pueda suceder hoy en la final de los 3.000, en una de las pruebas estrellas de Birmingham, una carrera que reúne a los mismos protagonistas de la final de Gotemburgo exceptuando a Juan Carlos Higuero, que se centra en el 1.500, más el peligroso añadido del obstaculista francés Bob Tahri, mejor marca del año, el hombre sin final.
Estarán Alistair Cragg, el espectacular irlandés que se lesionó durante los 5.000 de Gotemburgo después de lanzar un temerario y larguísimo ataque; el británico Mo Farah, plata en Suecia y a punto de ser eliminado ayer tras sufrir una caída a mitad de prueba, y el turco Halil Akkas, quien a punto estuvo de arrebatarle el bronce en Gotemburgo a Higuero.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2007