Como la mujer del César, la justicia británica no sólo ha de ser justa, sino que ha de parecerlo. Por eso será un jurado y no un juez el que decidirá si la muerte de Diana de Gales y su novio, Dodi, fue un accidente o un asesinato. La decisión, tomada por tres jueces, supone una resonante, aunque quizás pírrica, victoria para el multimillonario Mohamed al Fayed, que quiere darse al menos el gusto de que sean interrogados en público el ex marido y el ex suegro de Diana.
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El informe policial hecho público en diciembre no dejaba lugar a las dudas: Diana y Dodi murieron en un trágico accidente el 31 de agosto de 1997. La alta velocidad a la que conducía el vehículo el jefe de seguridad del Ritz, Henri Paul, que iba bebido, jugó como factor determinante en el accidente.
Pero aunque ese informe ha convencido a muchos de que fue la desgracia, azuzada por la persecución de los paparazzi, y no los servicios secretos quienes mataron a Diana Spencer, el padre de Dodi, Mohamed Al Fayed, no ha cedido ni un milímetro y quiere aprovechar su última oportunidad legal para demostrar lo contrario.
Esa última oportunidad es el preceptivo informe que ha de elevar un coroner, un juez especialista en decidir muertes sospechosas de ciudadanos británicos aunque se hayan producido en el exterior. El caso recayó en la baronesa lady Elisabeth Butler-Sloss, con 35 años de experiencia y coroner adjunto de la Casa Real. Tras varios meses de dudas, la juez Butler-Sloss decidió que el caso se escuchara en audiencia pública, pero a última hora, en enero, decidió que la decisión final sobre la muerte de Diana y Dodi la tomaría ella misma, y no un jurado. Aunque aceptaba el argumento de Al Fayed de que el caso era de interés público, concluyó que un juez estaba en mejores condiciones que un jurado de emitir una sentencia justa.
Al Fayed recurrió esa decisión y un grupo de tres jueces del Tribunal Superior le dio ayer la razón atendiendo a dos consideraciones en particular. Una es de orden sobre todo técnico: el papel jugado por los paparazzi en el accidente de París convierte el caso en una cuestión de seguridad pública y la ley exige en esos casos la presencia de un jurado. Y la otra es más política: para que haya confianza en la sentencia hay que evitar que sea tomada por sólo un juez, porque Al Fayed sostiene que Diana y Dodi fueron víctimas de una conspiración del establishment. Y al fin y al cabo, también los jueces son miembros del sistema.
Para Al Fayed ha sido "una gran victoria", como dijo ayer, que quiere coronar un gesto: llamando a declarar al que a su juicio es el gran conspirador, el príncipe Felipe de Edimburgo, marido de la reina Isabel. Y también al ex marido de Diana, el príncipe Carlos de Inglaterra, heredero de la corona. Pero la decisión la tomará el lunes la juez lady Elisabeth Butler-Sloss, que seguirá llevando el caso.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2007