El galerista Manuel Barbié continúa con su revisión de las vanguardias históricas a escala internacional. La segunda exposición de su nuevo espacio está dedicada a una pequeña pero interesante selección de piezas que recorre la presencia del desnudo en la llamada Nouvelle Photographie francesa de los años treinta y primeros cuarenta, del siglo pasado, y aglutina tanto autores franceses como extranjeros afincados, en un momento dado, en París. La exposición tiene por comisaria a Victoria Combalía y se divide en 4 apartados: 'El desnudo femenino', 'Assia, modelo sublime', 'El desnudo masculino' y 'El desnudo experimental'. La mayoría de piezas son de tiraje original y, entre otras piezas, se incluyen obras de Dora Maar, Emmanuel Sougez, Man Ray, Raoul Hausmann, Rémy Duval, Raoul Ubac, André Kertész o Laure Albin Guillot, una de las primeras mujeres que se dedicó al desnudo masculino de estudio. A su lado, se exhiben obras de autores menos conocidos como Lucien Lorelle -amigo de Luis Buñuel- que con sus fotografías entre lo surrealista y lo metafísico es toda una revelación.
EL CUERPO REVELADO
Galería Manuel Barbié
Paseo de Gràcia, 66, 2º Barcelona
Hasta el 29 de junio
Con la aparición de la fotografía el arte se libera de la representación naturalista, pero no por ello la visión real de la cosas desaparece del mapa. El cuerpo humano desnudo sigue siendo un motivo de fascinación pero, cuando se puede captar de una forma perfecta y menos rudimentaria, cada vez tiene menos sentido pintado al óleo, esculpido o dibujado, a excepción, claro está, de algunos ejemplos gloriosos. El desnudo continúa estando presente en el arte moderno, pero su supremacía se desplaza a otras disciplinas.
Al revés de lo que pasa en la escultura, el dibujo y la pintura, el desnudo fotográfico tiene a menudo el estigma misterioso y mórbido de lo prohibido, lo impúdico. Sin embargo, es curioso cómo la mayoría de fotografías expuestas en Barbié desprenden, en cambio, calidez, sutileza e incluso candor. Ni son académicas o pompiers -acartonadas, imitando modelos clásicos- ni pornográficas o sórdidas. La candidez invade los desnudos masculinos, mucho más castos que los otros, tanto los realizados por hombres como por mujeres, pues el sexo del hombre era y continúa siendo tabú. El aspecto subliminal que recorre toda la muestra culmina en el apartado dedicado a la modelo Assia Granatouroff, una rusa de belleza deslumbrante, desinhibida, que posó para escultores como Maillol, Despiau, y pintores como Derain y Van Dongen. Pero ni unos ni otros, por más genios que fueran, llegaron a captar totalmente su hermosura de la forma en que lo harían Sougez, Dora Maar o Rémy Duval, con unas fotografías realizadas en plena comunión con el modelo que, en este caso, tiene arte y parte en la obra final.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2007