Varias veces me he apartado de la lectura de Detrás de los ojos, pues me sobrecoge. Y he tenido que depositarlo en mi regazo o abandonarlo unas horas y volver a él reforzada con otros alientos. Leyendo sus páginas he escuchado un grito y he visto la oscuridad en una joven de 19 años. Me cuenta que es 1976 en Argentina, y es la dictadura. Me dice que era de noche y que ya nada importaba, pues el mundo que se había ido construyendo en su niñez y adolescencia se deshizo con malsana prontitud. Digo noche y sólo nombro una, la primera, porque Graciela Fainstein señala que así sucedió. En la primera noche se despidió de la inocencia. Sin embargo, es tres el número con el que se mide el tiempo de su secuestro y tortura. Tres días. Después vinieron los años, hasta veintitantos, con una amnesia buscada. Ahora, Graciela Fainstein (Buenos Aires, 1957) cuenta qué vio tras la venda, qué mundo imaginó para poder soportar un dolor inexplicable. Para ignorar las manos que manosean y golpean. Para hacer frente a una maldad de la que desconocía su existencia. Fainstein dice que detrás de los ojos es como "ser uno hacia adentro".
DETRÁS DE LOS OJOS
Graciela Fainstein
Editorial Icaria/Intermón Oxfam. Barcelona, 2007
198 páginas. 14 euros
Detrás de los ojos se gestó en Madrid, en una sesión de acupuntura. Las agujas recobraron en el cuerpo de la autora la memoria del dolor. También lo silenciado. Y el muro que se había alzado entre ella y los demás se fue derrumbando cuando las palabras asomaron y las preguntas surgieron. Pero éste no es un libro que se demora en el recuerdo lascivo o en el miedo, en sus páginas se habla del después, de cómo se permanece callado, y del antes: de esa ingenua necesidad de ausentarse en los años jóvenes. La autora cita a Brecht. "Primero vinieron por éste y por aquél pero a mí no me importó porque yo no lo soy y ahora vienen por mí pero ya es demasiado tarde".
Fainstein recobra a otros supervivientes y a otros desprotegidos, reflexiona sobre Argentina y su sociedad civil en tiempo de dictadura y en la necesidad de ser héroes que señala el aparato del partido. Y están Las Malvinas y la autora se previene contra el sentimiento patriótico de otros. También hay una desolada mirada a los suyos, al no encontrar espejos sino muros de silencio para apaciguar el dolor pues al no nombrarlo deja de ser.
Detrás de los ojos es un libro que habla de redención y que se aleja de la descripción morosa y lacerante de la tortura. Es una contundente declaración: estoy aquí, he sufrido. Fui víctima, pero decido ser, sobre todo, testigo. Éste es un libro que hay que leer.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2007