Existe el súbito silencio de la multitud
que se cierne sobre el jugador inmóvil en la cancha.
y el silencio de la orquídea.
El silencio del jarrón que cae
antes de que impacte contra el suelo,
el silencio del cinturón cuando no está castigando al niño.
Lo estático de la taza y del agua que contiene,
el silencio de la luna
y la quietud del día lejos del estruendo del sol.
El silencio de cuando te abrazo en mi pecho,
el silencio de la ventana que está sobre nosotros,
y el silencio de cuando amaneces y te das la vuelta.
Y existe el silencio de esta mañana
que he roto con mi bolígrafo,
un silencio que se había acumulado toda la noche
como la nieve al caer en la oscuridad de la casa -
el silencio de antes de que escribiera una palabra
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y el silencio más pobre de ahora.
Traducción de Juan José Almagro Iglesias.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2007