Un parche en el ojo, un loro en el hombro, una pata de palo y una sed insaciable de ron. Los piratas son así. Y todos, casi sin excepción, buscan el tesoro de oro que algún pirata más viejo dejó escondido en una remota isla.
Jim Hawkins se enteró de todo esto casi por casualidad cuando Billy Bones llegó a la posada de sus padres. El viejo bucanero pagó su estancia por adelantado y trajo consigo un misterioso cofre. Allí guardaba, bajo llave, el mapa maldito que conducía hasta el tesoro enterrado por el Capitán Flint en una lejana isla. Aquel papel cambiaría el rumbo de la vida de Jim.
Junto a un capitán, un doctor, un rico aristócrata de la zona y una tripulación de la que ignoraba casi todo, el joven se embarcó en el barco Hispaniola dispuesto a desenterrar el oro pirata. No tardaría mucho en descubrir que el cojo Long-John Silver, era un afamado y rastrero pirata como casi todos los hombres que controlaban el barco. Cegados por la avaricia, esta peculiar especie de ladrones estaban dispuestos a cualquier traición con tal de hacerse con el oro. En la isla Jim encontró a Ben Gunn, el hombre que quedó abandonado junto al tesoro, y gracias a su ayuda logró hacer frente a los rebeldes.
Esta historia está llena de fantasmas, de misterios, de codicia y aventuras que han seducido a miles de lectores desde que el escocés Robert Louis Stevenson la escribiera durante un verano lluvioso en Escocia. Hijo de un ingeniero naval, Stevenson conoció el mundo de los hombres de mar gracias a las visitas que hizo con su padre a los faros que construía en la costa. Débil y enfermo durante gran parte de su vida, el autor no cejó en su empeño de escribir y emprendió varios viajes por el continente europeo, por América y por las islas del Pacífico. Pero mucho antes de cruzar esos exóticos mares publicó La isla del tesoro, como un serial en la revista juvenil Young Folks entre 1881 y 1882 por 34 libras y siete chelines. Al año siguiente la historia se publicó como libro y fue elogiado por el entonces primer ministro de Inglaterra Gladstone a quien tuvo una noche en vela. A este insigne fan se han ido sumando mucho otros como Henry James, J. M. Barrie, Nabokov, Hemingway, Kipling, Borges, Javier Marías y Orson Welles, que realizó una de las mejores adaptaciones cinematográficas de esta historia. Nuria Ochoa firma esta nueva versión para niños, ilustrada por Inés González&Radu, en la que no faltan los doblones, ni la pata de palo, ni el loro.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2007