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Editorial:

El Reino sigue unido

Trescientos años y dos días después de la Unión entre Inglaterra y Escocia, la victoria de los nacionalistas en las elecciones escocesas constituye un tsunami en las aguas de la política británica. Es a la vez una espectacular subida de esta opción y un varapalo al laborismo de Tony Blair, que ha sufrido graves retrocesos en las elecciones municipales parciales británicas y en las regionales galesas celebradas a la vez. El Partido Nacionalista de Escocia (SNP), pese a pasar de 21 a 47 escaños (de un total de 129 en el Parlamento regional), uno más que los laboristas, que han gobernado en coalición hasta ahora, no dispone de una mayoría suficiente para llevar el Ejecutivo por sí solo ni para proponer, como era el eje de su campaña, un referéndum en 2010 sobre la separación. El Reino sigue unido.

Junto al referéndum, el debate se centró en torno a los ingresos. Escocia, por el llamado "dividendo de la Unión", recibe ahora más de 16.000 millones de euros anuales de la caja común británica, lo que le permite, entre otras ventajas, la gratuidad de sus universidades frente a la carestía de las inglesas. Los nacionalistas, que compiten desde la izquierda con el laborismo, mantienen que a cambio tendrían los ingresos que consideran suyos, derivados del petróleo y gas del mar del Norte. Hay, naturalmente, otros factores. Fue Blair quien, por convicción y para intentar frenar el crecimiento de este nacionalismo, sacó adelante el proceso de autonomía (devolution) para Escocia y Gales. Lejos de amainar, el nacionalismo escocés ha crecido (como el galés, aunque en menor medida). Pero si quiere gobernar en Edimburgo, tendrá que pactar.

En todo caso, no son muy buenas noticias para Blair, que ha cumplido 10 años en el cargo y que la semana próxima anunciará cuándo pasa la batuta al canciller del Exchequer, Gordon Brown, justamente un escocés que deberá tomar buena nota de este aviso. Como ha señalado el líder del SNP, Alex Salmond, "soplan vientos de cambio", y no sólo en Escocia. Los laboristas acusan la fatiga del electorado y los efectos de la guerra de Irak. Han perdido terreno también en Gales y en Gran Bretaña, y el gran ganador ha sido el Partido Conservador y su joven líder, David Cameron, que incluso ha superado a los liberales-demócratas en Escocia, territorio que parecía vedado a los tories en los últimos 50 años.

De estrepitoso fracaso hay que calificar el recuento de votos en Escocia, donde, debido a un complicado sistema proporcional, unas papeletas algo confusas y un sistema electrónico que ha fallado, se han anulado decenas de miles de sufragios. Ha sido la gran vergüenza de esta democracia madura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2007