La variación táctica, tan arriesgada como valiente, de situar a Aimar como enganche y descartar a uno de los dos medios centro soliviantó al Zaragoza. Pero no lo suficiente para doblegar al Racing, que se mostró tácticamente superior de inicio y aseado en la defensa al final. El empate anima al Racing en su lucha por entrar en Europa y condena al Zaragoza, que sigue lejos de su sueño de concluir el ejercicio en la zona más noble de la tabla.
Habituado el Zaragoza a gobernar los partidos, se atragantó ante la descarada propuesta inicial del Racing, que le buscó las cosquillas con denuedo y le hizo daño donde más le duele. Con las líneas apretujadas, el equipo cántabro presionó en campo ajeno y atosigó a la zona de creación rival para desarticular su inspiración. Lo consiguió. Abiertos los volantes a la línea de cal y tapados los medios, el Zaragoza, consternado, se perdió en los pases horizontales, en la circulación indolente de lado a lado de la zaga. Sudó horrores el Zaragoza para dar salida a la pelota desde atrás y regaló el cuero en pases verticales de largo recorrido. Al Racing, sin embargo, tampoco le duró mucho la pelota en los pies. No la quiso para jugarla, sino para enfilar el marco contrario. Directo, sin apenas transiciones. Cualquier excusa era buena para buscar al kilométrico Zigic. Un saque de banda, un patadón a seguir desde la zaga o un centro desde los costados. Todos los balones iban profusamente teledirigidos hacia la testa de Zigic, que lo controlaba todo desde las alturas. El talludo delantero se hartó de peinar balones, de prolongarlos a las carreras de Munitis. Pero la zaga del Zaragoza ya se sabía la lección. Un central marcaba, el otro reculaba unos metros para recoger las prolongaciones y el lateral más próximo hacía la cobertura al primero. Desdibujado Zigic, anulado el Racing.
ZARAGOZA 0 - RACING 0
Zaragoza: César; Diogo, Sergio, Gaby Milito, Juanfran; D'Alessandro, Zapater, Celades (Lafita, m. 46), Aimar; Sergio García (Ewerthon, m. 68) y Diego Milito. No utilizados: Miguel; Chus Herrero, Movilla y Óscar.
Racing: Toño; Cristian Álvarez, Rubén (Moratón, m. 63), Garay, Oriol; Scaloni, Vitolo, Colsa, Óscar Serrano (Balboa, m. 85); Zigic (Matabuena, m. 90) y Munitis. No utilizados: Calatayud; Luis Fernández, Juanjo y Tomás.
Árbitro: Undiano Mallenco. Amonestó a Scaloni, Oriol y Diogo.
Unos 27.000 espectadores en La Romareda.
No lo aprovechó el Zaragoza. Empecinado en saltarse la segunda línea, sin un trescuartista, su ataque fue tan ampuloso como inconexo. Se olvidó de las paredes, de las asistencias al hueco y de las combinaciones rápidas, a uno o dos toques, que tanto daño hacen a las defensas que enciman, que dejan tantos metros de distancia con el portero. Hasta que Víctor Fernández, consciente del desastre, varió su dibujo. Del 4-4-2 con dos medios centro pasó al 4-1-3-2 con un media punta, con Aimar como enganche. Con esa arriesgada variación, dotó al Zaragoza del tiempo y el espacio necesarios para crear y padecer en las contras rivales. Gaby Milito, sin embargo, se marcó un partidazo colosal y erradicó la alternativa adversaria con anticipaciones y cruces de manual.
La iniciativa, entonces, la recogió el Zaragoza. Mérito de Aimar, que generó espacios que se aprovecharon desde la segunda línea y desde los costados. No sólo eso, sino que también probó con pases interiores, combinó con los carrileros y conectó un par de disparos tremendos. El primero lamió el palo; el segundo, el travesaño. Abocado al ataque, el Zaragoza llegó con un taconazo de Lafita que Toño repelió de modo sobresaliente. Lo intentó también con una chilena fallida de Ewerthon y otro remate de Diego Milito al lateral de la red. Cuando Aimar tocó, el Zaragoza jugó. Pero no lo suficiente.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de mayo de 2007