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Análisis:A LA PARRILLA

En su sitio

Una de las grandes tareas de la justicia es la reconstrucción de la verdad. La del periodismo también. Lo es porque en ambos casos -cada uno en su ámbito- intentan responder a la pregunta básica, elemental, que se hace el ser humano desde los albores de la consciencia ante cualquier crimen o hecho atroz: ¿qué fue lo que sucedió en realidad? El terrible atentado del 11-M levantó esa gran incógnita de inmediato, y casi al mismo tiempo surgieron emanaciones tóxicas en la política y algunos medios de comunicación que enturbiaron aún más de lo previsible la visión de los hechos. El juicio que comenzó el 15 de febrero ha empezado a despejar esa nebulosa, y así lo ha querido reflejar el reportaje 11-M, la derrota de los embusteros (Cuatro), que se emitió por segunda vez el lunes. Iñaki Gabilondo presentó el trabajo informativo y explicó que se expondrían los hechos que demuestran que la teoría de la conspiración -la supuesta implicación de ETA en el atentado- no tiene sentido.

El reportaje ha sido elaborado de manera que cualquier persona, incluso la menos informada, pueda seguir la reconstrucción de los hechos, desde las negociaciones para conseguir el explosivo hasta el suicidio colectivo de los islamistas. Pasa a limpio y resume el desarrollo del juicio hasta ahora. La utilización que hacen de los vídeos de archivo, así como de los momentos clave del juicio, se ha hecho con comedimiento y precisión. No se detiene ni se distrae en el intento polarizador y el rechinar de dientes que ha ensordecido el país durante tres años. Va a los hechos, los expone, los contrasta en las declaraciones de acusados y acusadores, y subraya con sobriedad la forma en que se han desmontado las insinuaciones equívocas. En la sala del tribunal gravita la figura y el respetable aplomo del juez Gómez Bermúdez. Si hay algún pero que ponerle al reportaje es el título. Parece querer predisponer al espectador, cuando es innecesario. El contenido tiene suficiente enjundia para que cada persona saque sus propias conclusiones. Para que haya justicia debe haber primero verdad. Y no hace falta alzar la voz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de mayo de 2007