Una de las cosas que experimentarán un importante cambio en el funcionamiento del Ayuntamiento de Barcelona con un bipartito y no un tripartito es su organización política y de gestión. No se trata de algo meramente formal y tendrá consecuencias directas en la mayor parte de las decisiones que tome el consistorio. Por ejemplo, en la distribución de los distritos. En este último mandato, dos de los diez de la ciudad estaban dirigidos por Esquerra Republicana, en Gràcia, e Iniciativa per Catalunya (ICV), en Horta-Guinardó. Los ocho restantes estaban controlados por ediles socialistas.
Con todo, el esquema que más cambiará será la distribución de áreas y carteras. En el mandato que expira existían cinco comisiones. La de Presidencia y Hacienda, la única en la que el presidente y el vicepresidente eran socialistas. La comisión de Urbanismo, Infraestructuras y Vivienda estaba presidida por el PSC y la vicepresidencia la tenía ERC. Los términos se invertían en la comisión de Promoción Económica y empleo. La comisión de Sostenibilidad, Servicios Urbanos y Medio Ambiente estuvo presidida por ICV con un vicepresidente socialista. Esos términos se volvían a invertir en la comisión de Cultura, Educación y Bienestar Social. Aquella estructura fue pensada como una tricefalia, de manera que los tres partidos tuvieran corresponsabilidad en todas las áreas. Algo que, sin embargo, no funcionó. Las empresas municipales e institutos que dependen de esas grandes áreas también estaban presididos de forma alternativa por cada partido. Toda esa compleja estructura es la que se tendrá que organizar de nuevo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de junio de 2007