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Crónica:Tenis | Roland Garros

"Le desperté y fue imparable"

Robredo lamenta haber desperdiciado su ocasión mientras Federer reconoce que lo pasó mal

"¡Vamos!, ¡levántate!, ¡reacciona!, ¡sé positivo durante todo el tiempo que puedas!'. En eso es en lo que pensaba". Roger Federer se gritaba en la privacidad de su mente. Estaba jugando contra Tommy Robredo en los cuartos de final del torneo de Roland Garros. Agarrado a su servicio, había ganado por un pelo, 7-5, el primer set.

"¡Levántate!, ¡reacciona!'. En eso es en lo que pensaba" tras perder un 'set', confiesa el suizo

Y acababa de perder, 6-1, el segundo, el primero que concede en el curso de la competición. "Empecé a pensar: '¿Sabes? Esto podría empezar a ponerse realmente mal", confesó el suizo, el número uno mundial; "yo no pierdo mangas por 6-1 frecuentemente. No era muy optimista... Pero le di la vuelta y todo eso ya no importó. Fue un partido duro. Afortunadamente, jugué un gran tercer set y un gran cuarto set". Federer ya está en las semifinales parisienses, en las que se las verá el viernes con el ruso Nikolay Davydenko. Robredo le hizo pensar en la derrota. En el fracaso. En un gran desengaño. Pero, luego, desaprovechadas sus oportunidades para mandar en el partido, el español abandonó su plan de trabajo y trabajo, de esfuerzo y esfuerzo, para desaparecer del encuentro: 7-5, 1-6, 6-1 y 6-2.

Los vestuarios del tenis están llenos de remeros. Remar, en el argot del mundo de la raqueta, es trabajar, bregar, estructurar los puntos, creer y creer para crecer en el partido. Durante los dos primeros sets, Robredo fue el más marinero de los tenistas. Remó y remó. Agitó el duelo de la esquina a la red, moviendo a Federer, haciéndole sufrir. Hurgando en su físico, en sus piernas. El suizo, achicado por el viento, plano frente a los remolinos de la pista central, empezó a fallar. Y, desesperado, se olvidó de todo lo aprendido, de sus reflexiones, del juego sobre la tierra, para convertir París en Londres; Roland Garros, en Wimbledon; el juego de arcilla, en juego de saque y volea, a tres toques, sin peloteo. No le funcionó. Se ahogó a carreras. Y se encontró con que Robredo, que tanto amaga y tan poco pega, buenísimo pero no excelente, le robaba un set. Peor todavía. Robredo, nada más empezar la tercera manga, tenía dos bolas para romperle el saque.

"No lo aproveché", reconoció después Robredo, que se ha clasificado para los cuartos de final de los dos torneos del Grand Slam disputados hasta ahora este año. "A veces, son puntos, momentos, los que cambian un partido. Yo no aproveché el mío. Ya es difícil conseguir que un jugador tan bueno dude. Y, si no lo aprovechas, acabas perdiendo. Fallé dos o tres bolas que no debía fallar y él se dio cuenta de que tenía posibilidades. En los momentos importantes es difícil pararle porque sube su nivel", añadió. "Se ha visto contra las cuerdas y ha reaccionado", dijo el gerundense, que perdió diez juegos quedándose en blanco; "le he despertado y luego fue imparable".

"Con aquel 15-40", explicó Federer, "supe que tenía que empezar a ganar intercambios desde el fondo de la pista, que con el servicio no iba a ser suficiente". "Puedes sacar y volear durante un tiempo sobre la tierra, pero no puedo subir a la red y ganar cada punto desde ahí. Así que sabía que tenía que ganarle desde el fondo de la pista. Y eso es lo que no conseguía hacer", añadió. "El segundo punto que salvé llegó en el momento justo, crucial. Y me puso de nuevo en el partido. Robredo empezó a fallar más bolas. Y yo empecé a mezclar mejor mi juego. Pero, sí, lo pasé mal", concluyó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de junio de 2007