La capacidad del dibujo para articular un comentario global sobre el mundo y la condición humana está, sin duda, en la base de su vitalidad y de su recuperada actualidad en los últimos años. La ligereza y aparente simplicidad de sus formas, su inmediatez, su capacidad para aproximar lo familiar a lo imaginario, lo literal a lo simbólico, permiten con facilidad la construcción de un apunte satírico y moralizante sobre la realidad, sobre nuestros comportamientos y sobre nuestra naturaleza, tanto individual como colectiva. La obra de David Shrigley, de quien el CAB presenta en esta ocasión su primera exposición individual en nuestro país, es perfectamente ilustrativa de esta condición inherente al dibujo. En su caso, la característica dominante es un extraordinario sentido del humor, que le sirve para explorar y poner al descubierto toda la gama de fantasmas, miedos, frustraciones y deseos que nos acechan y caracterizan, y ello a través de múltiples aplicaciones y desarrollos que pasan no sólo por el dibujo o la ilustración propiamente dicha, sino también por la animación, el diseño, la fotografía o los poemas-objeto.
DAVID SHRIGLEY / MANU MUNIATEGIANDIKOETXEA
CAB Burgos
Saldaña, s/n. Burgos
Hasta el 9 de septiembre
El aspecto quizás más intere
sante de la trayectoria de Shrigley sea precisamente esa extensión del dibujo y sus cualidades hacia otros soportes, ampliando así también la capacidad simbólica de su discurso. El mundo animal y el mundo de lo inanimado se convierten en su obra en el espejo y en el eco de la acción humana; las barreras que separan los diferentes niveles de la existencia -lo natural, lo animal, lo humano- se funden en un único universo metafórico que retrata con precisión nuestra soledad, nuestras angustias, nuestros sueños, pero también la capacidad para reírnos de nuestra humilde y en el fondo sencilla, por primaria, condición humana.
Manu Muniategiandikoetxea también explora en su obra una serie de límites, en su caso, entre soportes y disciplinas, entre original y copia, entre arte e industria, entre esbozo y materialización, entre plano y volumen. En la propuesta que presenta en esta exposición continúa su investigación sobre la relación entre pintura y escultura, entre el objeto desarrollado en la superficie pictórica y su materialización en el espacio, que complejiza incorporando además referencias a la naturaleza y cualidades de la materia y su transformación en el proceso artístico. Tomando como punto de partida sus ya frecuentadas referencias al constructivismo, y especialmente a las construcciones espaciales de Rodchenko, presenta en esta muestra dos grandes esculturas que se convierten en el eje de una propuesta que dialoga de manera resueltamente creativa con el propio espacio expositivo. Se trata de dos piezas que dejan al descubierto la mecánica de su construcción, a la manera de un puzle armado a partir de la combinación de una serie de elementos idénticos, seriados, pero que presentan diferencias esenciales en cuanto a disposición en el espacio, a los vacíos y volúmenes que construyen, y a su condición, también, como soporte pictórico. Se abre así un campo de reflexión que aborda cuestiones como el diálogo entre original y producción en serie, la cita o la réplica de obras preexistentes, o la obra de arte como construcción utópica.
La inclusión por parte de Muniategiandikoetxea de una instalación consistente en un conjunto de troncos de árbol, en bruto, referencia clara al universo de Ibarrola, le permite establecer también una relación entre las diversas piezas de la exposición en torno a las cualidades materiales del soporte, en este caso la madera, y su transformación en un tránsito que lleva de lo natural a lo industrial a través del propio proceso artístico.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007