Desde el comienzo, una tarde a mediados de septiembre en la terraza del antiguo Doria, ya se intuye y más tarde se comprueba y se certifica que sí, que Una vida en la calle va a ser una novela muy especial, y no sólo porque quien la lee quede atrapada por esas disquisiciones primeras y ciertamente delirantes sobre las estatuas: el toro y la jirafa coqueta que abren y cierran la rambla de Cataluña, sino por los fantasmas de diversa índole que discurren por ella como si esta vía urbana fuera un río navegable, un danubio con afluentes (las calles de Mallorca, Valencia, Aragó). Fantasmas que van saliendo al encuentro de Jordi Martínez, el protagonista, y que alientan la lectura de este sorprendente e inclasificable texto. Allí estará la memoria de una niñez que se asoma al presente, con la imagen de una mujer y un hombre que avanzan por un jardín, donde hay un árbol que se nombra con palabra hermosa y olvidada. Recuerdos de infancia que se tejen con lecturas cuyas historias temporalmente desaparecen aunque persista el personaje y crezca tanto que llegue hasta aquí, hasta esta Rambla repleta de búsquedas, obsesiones y deseos. Por eso está Pip, ahí, en medio del océano, pero en la misma Rambla, muerto de miedo porque Melville lo hizo caer al agua en Moby Dick. También bracea en el asfalto el nuevo Jordi Sendra fugado del pasado del protagonista.
UNA VIDA EN LA CALLE
Jordi Ibáñez Fanés
Traducción de Jordi
Ibáñez Fanés
Tusquets. Barcelona, 2007
260 páginas. 18 euros
UNA VIDA AL CARRER
Jordi Ibáñez Fanés
Tusquets. Barcelona, 2007
240 páginas. 15 euros
El talento creativo de Ibá
ñez Fanés (Barcelona, 1962) es también una cuestión de estilo en el modo ahondar en desvaríos y corduras sorteando los fantasmas que salen a su encuentro, ya desde la memoria más sencilla o desde la disquisición más docta (ambas propuestas ambiciosas y obsesivas). Por eso quien lee sigue atenta y entusiasmada esa mezcla de azar y destino, de hilos de vida en una babel de tiempos (hay un huso en Chantal Maillard que lo señala como un haz de fibras y en cada una de ellas un hilo mental). Sí, la lectora sigue atenta hasta la última letra de la última página. Por allí cerca se encuentra una historia redentora que apaciguará el infierno del protagonista y de quien lee.
Una vida en la calle (Una vida al carrer) fue elegido como el mejor libro del año en catalán del II Premio Lateral de Narrativa. También fue finalista del V Premi Llibreter 2004. Esto no resulta extraño, pues este libro bien merece tiempo para su lectura. Léanlo y sorpréndanse.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007