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Crítica:ANTOLOGÍA DE BABEL | POESÍA

Ven, déjame

Todo depende de lo cerca que duermas de mí. Leonard Cohen

Ven, déjame,

Que no queden márgenes entre tu cuerpo perfecto y mis manos,

que pierda el control con tus superficies trémulas,

único horario esclavo al que consagro cada segundo.

Ven y deja que me envenene contigo,

satisfecho por la cicuta jugo de tus pupilas sorprendidas.

Ven y deja que venere el grito desenrollado

que mi laringe hace arrancar a tu vientre,

que ese instante sea lastre suficiente para el resto de mis días.

Ven este jueves por la madrugada,

o ven mañana.

Ven cualquier día o ven siempre. Pero ven.

Ven para regalarme el luminoso andar de cada una de tus curvas,

ven para que calme mi sed con el divino chasquido aleatorio de tu risa de absenta,

ven para decirme, como siempre, en mitad de mis celos:

Soy tan perfecta como te imaginas;

mira mi belleza, mírala ahora.

Mírala porque quizá en unas horas te habrás arrancado los ojos,

ojos que hallan en mi piel las sombras terribles de otros hombres.

Mira mi cuerpo, mi voz, mis perezas,

mira cómo despliego mis mejores artes en el escenario de tu vida.

Bueno, ya sé que no es la mejor manera de decir adiós,

que debería haber buscado algo de papel para una nota de despedida,

sé muchas cosas, sé de buenasnoches mucho más lúbricas,

pero ando un poco escaso de palabras, de tinta, de dedos...

Descansa, le dije, descansa

porque esta plegaria pierde su valor

como salvoconducto al empapado harén de recuerdo perfectos justo con la luz del día.

Ahora descansa, sólo descansa.

Octavio Gómez Milián (Zaragoza, 1978) es autor de los libros de poemas Labios perdidos no dan dirección (Chorrito de Plata) y Por qué no nos hicimos todo el daño de una sola vez (Devenir).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007