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Reportaje:Tenis | Wimbledon

"Aquí, aunque sufra, disfruto"

Nadal barre al checo Berdych y jugará las semifinales contra el serbio Djokovic, al que ya ganó en Roland Garros

Rafael Nadal despidió ayer a Tomas Berdych, el tenista que se jactaba de trabajar como intermediario entre los dioses y los hombres. "La gran ventaja de Nadal y Roger Federer es que sus oponentes les temen. Piensan que juegan contra dioses", había dicho el checo para explicar por qué conseguía vencerles. Desde ayer, Berdych es sólo un jugador, un hombre. Nadal le eliminó del torneo de Wimbledon con un partido poderoso y marcado por la ventolera que sacudió la pista central. La grada, despoblada, asistió con cierta indiferencia al triunfo del español, un inconformista con la curiosidad y la autoexigencia que distinguen a los deportistas de época. "Aquí, aunque sufra, disfruto porque en cada punto experimento cosas diferentes", dijo antes de afrontar hoy su sexto día de juego consecutivo.

"En cada punto experimento cosas diferentes y tengo menos presión que en París"

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Nadal, un tenista enfrentado a un maratón con raqueta, vivirá hoy un viaje en el tiempo. Busca la final frente a Novak Djokovic, un rival que es una bomba de relojería, el mismo al que venció hace tres semanas en las semifinales de Roland Garros. El serbio, que va dando sustos a los mejores desde que empezó el año, llega al partido pasado de revoluciones: tardó casi cinco horas en vencer al chipriota Marcos Baghdatis por 6-7, 6-7, 7-6, 6-4 y 5-7.

"Para este Wimbledon no tenía el mejor cuadro de rivales. Era muy difícil", resumió Nadal. "También era difícil jugar con este viento. A Berdych le afectó, especialmente en el servicio. Teniendo en cuenta las condiciones, jugué un muy buen partido. Sé que he ganado a uno de los mejores jugadores del mundo", continuó. "Estoy en las semifinales tras ganar a muy buenos jugadores, todos muy duros en cualquier superficie y especialmente en la hierba. Aquí puedo disfrutar un poco más el momento porque tengo menos presión que en Roland Garros".

Nadal es en estos días un tenista abierto a nuevas experiencias. Frente a Berdych aplicó con precisión británica los mandamientos del juego sobre la hierba: sirvió impecable y resolvió el tie-break del primer set con dos aces. Subió a la red con convencimiento y eficacia, convirtiendo en recurso lo que antes era una solución desesperada. Y disfrutó arriesgándose en la búsqueda de las líneas. Sólo en ese punto se atuvo el mallorquín a su vieja receta. Pocos tenistas se adaptan mejor al viento que Nadal. Es un jugador distinguido por un efecto, el topspin, que curva el golpe y asegura el tiro: lo mejor cuando aúllan los remolinos de la central de Wimbledon, una pista en obras y sin techo que se ha convertido en un huracán con ladrillos.

El español es un tenista preparado para el abordaje: se ha especializado en aprovechar las debilidades del adversario y ya no entiende de viento, sol, lluvia o cambio de superficie. Es competitivo allá donde juegue. Nunca se esconde. Y siempre es un rival temible. Berdych, el tenista justiciero, no.

"No me gusta el tipo de condiciones climáticas que tuvimos hoy", se quejó el checo. "Todavía tengo mucho que aprender para poder jugar con tanto viento. Para Rafael ha sido una ventaja jugar cinco días seguidos: eso ha hecho que juegue mejor cada día", prosiguió. "Quizás, en estas condiciones, pueda parar a Federer. Es un gran jugador. La hierba ahora es mucho más lenta. Si juegas sólo a saque y volea, hay pocas posibilidades de ganar aquí", matizó.

Berdych proclamó ayer la muerte de los especialistas del césped. Y, mientras tanto, Nadal, el rey de la arcilla, está en las semifinales, como Federer, que le derrotó en 2006 en la final. La dificultad del camino del manacorense se mide con cuatro mojones con cara de cadáveres ilustres: Fish, Sorderling, Yuzhny y Berdych. Cuatro maestros de la pista rápida. Cuatro eliminados. Cuatro avisos para Djokovic. Nadal conoce el camino: hace un año disputó el título.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007