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Reportaje:Violencia en Pakistán

Una sociedad víctima de la islamización

El presidente de Pakistán se ha apoyado en los grupos políticos que alientan el integrismopara contener a los partidos políticos tradicionales, laicos pero corruptos

El enfrentamiento de la Mezquita Roja no ha podido producirse en peor momento para el presidente paquistaní, Pervez Musharraf. El general, que contó con un alto respaldo popular cuando tomó el poder en un golpe incruento en octubre de 1999, atraviesa la peor crisis política de su mandato. Un respetado juez cuestiona su permanencia al frente del Gobierno, la oposición está inusualmente unida frente a él y tiene a los medios de comunicación en contra. Por si fuera poco, la semana pasada unas inundaciones dejaron sin hogar a 200.000 personas en el sur del país.

La crisis de la Mezquita Roja se arrastraba desde hace meses, cuando los hermanos Ghazi Abdul Rashid y Maulana Aziz lanzaron su campaña para islamizar Islamabad, primero, y el resto del país después, de acuerdo con su interpretación de la sharia, o ley islámica. Ambos líderes y sus seguidores, tanto en la mezquita como en la vecina madraza femenina Yamia Hafsa, han bebido en un clima de creciente islamización de la sociedad alentado por grupos políticos en los que Musharraf se ha apoyado para gobernar sin dar cabida a los partidos políticos tradicionales, laicos pero corruptos.

La oposición y la prensa están deseosos de explotar el menor error de Musharraf

A pesar de los numerosos incidentes que han causado desde que sus seguidoras atacaran un prostíbulo de la capital, el presidente se había mostrado renuente a ordenar un asalto por temor a causar una matanza. Tal como ha escrito el comentarista paquistaní Syed Talat Hussain, "si los partidos religiosos ven muertos y sangre en sus pantallas de televisión, tomarán una postura dura; en tanto que si se negocia una salida pacífica, los extremistas habrán perdido".

Precisamente, eso es lo que quería evitar Musharraf como quedó probado hace una semana cuando en un seminario sobre prensa dijo que el Gobierno actuaría contra la Mezquita Roja sólo si los medios de comunicación no mostraban a los muertos. Pero con la prensa en contra y la oposición deseosa de explotar el menor error del presidente, está ocurriendo todo lo contrario. La cobertura informativa del asedio va in crescendo a la espera del asalto final.

De la preocupación del presidente dan prueba los esfuerzos que ha desplegado para tratar de evitar la confrontación, enviando a tratar de convencer a los encerrados desde líderes religiosos locales hasta el imam de la mezquita sagrada de La Meca.

Pero cada vez que los extremistas amenazaban con lanzar la yihad (guerra santa), el Gobierno daba un paso atrás. Esa actitud sólo ha reforzado su imagen de debilidad ante el avance islamista. Debilidad que se agranda con el descubrimiento ayer de un nuevo intento de asesinato contra Musharraf cuando su avión despegaba de la base militar de Rawalpindi.

El motivo por el que la violencia ha estallado por fin esta semana parece relacionado con la última operación de los islamistas. Cuando hace unos días la llamada Brigada de la Mezquita Roja secuestro a seis ciudadanos chinos de una sauna en un barrio pijo de Islamabad, cruzaron una línea roja que el Gobierno paquistaní no está dispuesto a tolerar. Para muchos constituyó una prueba de que la talibanización del país no se circunscribe a las áreas tribales de la frontera con Afganistán.

Las fuerzas especiales rodearon el recinto y unos cuantos estudiantes lanzaron un ataque con armas muy distintas de los relativamente inofensivos palos con los que se les había visto hasta ahora en público. El gesto dejó clara la situación de irregularidad, e incluso extraterritorialidad, que se había instalado en la mezquita.

Predecir qué va a pasar ahora resulta complicado. Anoche las noticias de una intensificación de los enfrentamientos hacían temer un asalto inminente. Sin embargo, podían ser sólo una táctica para incrementar la presión sobre los islamistas y forzar su rendición.

La cuestión principal sigue siendo quién va a ganar el pulso por Pakistán, si los liberales laicos o los extremistas religiosos. Y eso va a depender tanto de cómo se solucione la crisis como de su gestión mediática. Las Fuerzas Armadas, como ha venido sucediendo desde la fundación del Estado en 1947 tras su independencia de Reino Unido, pueden inclinar la balanza en uno u otro sentido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007