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Crítica:FERIA DE SAN FERMÍN

La catedral del rejoneo

Dos estilos de rejoneo bien diferenciados se apreciaron ayer en el coso pamplonica: la maestría en la realización de un arte, encarnada por Pablo Hermoso de Mendoza y su casi discípulo Sergio Galán, y el temple y la elegancia de Fermín Bohórquez, al menos en su primer toro, en lo que fue una entretenidísima corrida de rejones, llena de momentos de toreo de alta calidad. De entrada, y a juzgar por la frialdad con que el público acogía las evoluciones de Fermín Bohórquez, parecía que la partida la iba a ganar por goleada Hermoso de Mendoza, que jugaba en casa con todo a favor, en detrimento de los otros dos caballeros. No fue así, y las fuerzas se fueron igualando, con lo que el arte del rejoneo y el público salieron ganando.

Bohórquez / Bohórquez, Hermoso de Mendoza, Galán

Toros de Fermín Bohórquez que dieron buen juego en general; destacó el segundo por su bravura. Fermín Bohórquez: rejón caído (saludos desde el tercio); rejón en lo alto (oreja). Pablo Hermoso de Mendoza: intento fallido y rejón trasero (oreja); bajonazo y rejón atravesado (oreja). Sergio Galán: medio y descabello (saludos desde el tercio); rejón en su sitio (dos orejas). Plaza de Pamplona. 6 de julio. Lleno.

Fermín Bohórquez no necesita de grandes alharacas ni exhibiciones de monta para demostrar la enorme calidad de su toreo. Hay como un silencio que transmite el galope de sus cabalgaduras que va poco a poco endulzando la embestida del toro sin que éste apenas lo note. Clavó con corrección la mayoría de los hierros, pero lo importante fue esa cadencia torera con que iba encelando al toro. Llamó la atención que, en un primer momento y a pesar de matar a su primero de un certero rejonazo, su labor no pareciera tener eco en los tendidos. Cuando parecía que lo hecho iba a quedar relegado al olvido, el público irrumpió en un fuerte aplauso que le obligó a salir a saludar al tercio. En su segundo toro intentó, tal vez de manera equivocada, ganarse el favor del público con un toreo más efectista, en medio de algún fallo a la hora de clavar. Finalmente, Bohórquez obtuvo una merecida oreja.

Si Hermoso de Mendoza fuera futbolista, sería Zidane; si corredor de fórmula 1, Fernando Alonso... Se le nota que disfruta y ama lo que hace de una manera absoluta. Qué duda cabe que existe un modo de entender el rejoneo antes y después de su advenimiento. Y no se piense que sus paisanos se lo pasan todo tan sólo por ser de la tierra.

Perdió las dos orejas de su primero, por hacer una entrada en falso al clavar el rejón de muerte, después de haber hecho primores a caballo. Caracolea su cabalgadura ante el toro con una naturalidad pasmosa, lo encela con galopes que parecen verónicas, ciñe la embestida del toro a escasos milímetros de la grupa del caballo. La salida de Chenel en su primer toro alcanzó el cenit de una actuación que habría sido perfecta si no marra con los rejones de muerte.

Sergio Galán conectó enseguida con el público. Uno de los entendidos pamploneses comentaba la similitud del toreo de Galán con el de Hermoso de Mendoza, que es algo que pareció reconocerse así en todos los tendidos. Finalmente, sí revolucionó a sus caballos para hacer el carrusel clásico, pero fue más consecuencia de lo bueno que hizo que un intento de ganarse el favor del respetable.

En sus dos toros clavó con certeza rejones y banderillas, y los quiebros en banderillas resultaron de una gran belleza, sustentados en la sobriedad y en no hacer un gesto de más. La muerte de su último toro fue como la que quisiéramos todos: casi sin que se diera cuenta, después de clavarle cuatro banderillas cortas en remolino para aplicar el rejón de muerte sin solución de continuidad.

Al final, Hermoso de Mendoza y Galán salieron a hombros y Bohórquez se quedó a pie. Que no se aflija por ello el caballero jerezano, que si no salió a hombros, sí que se fue en las volandas de la música de su temple.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2007