Estos días, y hasta septiembre, el nombre de Picasso está presente en tres museos vascos. En el Museo de Bellas Artes de Bilbao se muestran los grabados de la Suite Vollard. En el Museo de la Paz de Gernika se exhibe una veintena de bocetos originales del Guernica. Además, el Museo Vasco del Casco Viejo bilbaíno, en cooperación con el Musée Basque de Baiona, ha montado una exposición conmemorativa de la destrucción de la villa de Gernika, al tiempo que muestra un tapiz donde se reproduce a tamaño natural el Guernica. La pieza, realizada por Jacqueline de la Baume-Dürrbach, fue autorizada y supervisada por el propio Picasso.
La carpeta conocida como la Suite Vollard fue adquirida por el marchante de arte Ambroise Vollard en 1937. Consta de 97 grabados, en su mayor parte aguafuertes, realizados por Picasso de 1930 a 1936. Para llegar a los cien se suman tres grabados, tres retratos que le hiciera el artista al propio marchante, fechados un año más tarde.
Importa esa suma de puros actos creadores llenos de dudas, audacias, rechazos, atisbos de hallazgos
Nutrida y bien elegida es la lista de artistas que apoyó Vollard en momentos difíciles: Cézanne, Renoir, Gauguin, Van Gogh, Rousseau, Roualt y Picasso, entre otros. Su agudo instinto le permitió descubrir a los grandes talentos. Editó libros ilustrados con grabados de artistas tales como Bonnard, Munch, Pissarro, Renoir, Rodin, Sisley, Toulouse-Lautrec y el mismo Picasso, quien ilustró el relato de Balzac La obra maestra desconocida. Para poder pagar a Picasso el importe de esas cien obras, Vollard le entregó, además de determinada cantidad de dinero, varias obras de Cézanne y Renoir.
En la Suite Vollard se descubre a un Picasso inquieto, disperso, convulso, cambiante. En esa década de los treinta su vida es turbulenta. Rompe con quien fuera su esposa desde 1918, Olga Koklova. En 1935, nace su hija Maia, fruto de su relación con Marie-Thérèse Walter. Al año siguiente, entabla relaciones amorosas con Dora Maar. Dado que Picasso llegó a decir que esos años fueron "los peores" de su vida se entiende que en estos grabados le veamos oscilar entre orden y violencia, entre clasicismo y desfiguración, entre serenidad y caos, pese a lo cual la suma de valores en lo que atañe tanto al dibujo como a la inventiva son magistrales. Cuarenta grabados de los 46 correspondientes al tema del estudio del escultor fueron realizados de marzo a mayo de 1933, lo que constata la fogosidad creativa del artista malagueño. En cuanto a las líneas puras, de un sólo trazo, que vemos en los grabados del citado tema, Picasso tomó como modelo las líneas contorneadas y de una limpidez suprema de Ingres, muy especialmente en sus obras de odaliscas y bañistas.
Hay un par de grabados de la Suite Vollard que parecen ser premonitorios del Guernica. Son los grabados numerados con el 87 y el 97; el primero, titulado Mujer toreo II, en lo concerniente al caballo, y el segundo, titulado Fauno descubriendo a una mujer, por el gran habitáculo que conforma la pared del fondo y por algunas líneas triangulares en composición diagonal. Es verdad que son leves alusiones, pequeños soplos.
Algo más que soplos son los 23 emocionante bocetos del Guernica, ese conmovido réquiem por víctimas inocentes cedidos por el Reina Sofía al Museo de la Paz de la villa de Gernika. Se añade un óleo de 130 por 195 centímetros, un fragmento de la obra, realizado por el artista en septiembre de 1937, o sea, tres meses más tarde de su conclusión definitiva y presentación posterior en el pabellón español de la Exposición Universal de ese mismo año.
Importan los bocetos, esa suma de puros actos creadores llenos de dudas, audacias, rechazos, atisbos de hallazgos, vuelta a los arrepentimientos, y de nuevo las manos buscando aquello que dé por concluido el peregrinaje artístico de la obra acabada. Frente a estos bocetos, vistos setenta años después en la misma población que sufrió el brutal bombardeo, el espectador puede comprender a su través la rabia infinita que sintió Picasso mientras realizaba su "grito pintado", al punto de convertirse, con el paso del tiempo, en un símbolo cosmogónico contra el fascismo y nazismo. Las manos del autor de esos bocetos estaban llenas de universo, lo que me parece una arrolladora y caliente verdad.
El tapiz mostrado en el Museo Vasco, que reproduce tal cual el Guernica de Picasso, está confeccionado con hilo de lana en once colores sobre urdimbre de algodón, en tela de bajo lizo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 2007